Fragmentos de una mujer (Pieces of a Woman)
Dirección: Kornél Mundruczó
Guión: Kata Wéber
Canadá-Hungría- Estados Unidos/2020
En Netflix

Hay películas que exigen un esfuerzo para ser vistas. Esta es sin duda una de las más difíciles de ver, y por diversos motivos. Es necesario revelar lo que sucede en la primera media hora, porque resulta central para hablar de la película. En el prólogo, una pareja: él trabaja en la construcción de un puente, hace seis años que está sobrio, ella es ejecutiva en una empresa, la madre de ella les regala un auto porque está por nacer su nieta, y él –de origen humilde- se siente humillado ante el avance de su suegra rica. En pocas escenas, ya tenemos el cuadro social de los personajes. A continuación, ella comienza el trabajo de parto que han decidido tener en su casa, con una partera suplente, ya que la elegida está atendiendo otro nacimiento. El un largo, exigente plano de más de veinte minutos, asistimos a las dificultades de Martha para dar a luz, los esfuerzos de la partera, el acompañamiento del padre, en una larga escena que registra todo el nacimiento y que deja sin aliento, que a muchos obliga a suspender el film, tal la tensión que se instala, a pesar –o porque- sabemos que la cosa ha de terminar mal.

Tras su pérdida, Martha queda vacía, parece encerrarse en una cámara de hielo, él vuelve a sus adicciones. La abuela insiste que hay que hacer lo correcto, esto es, entablar juicio a la partera, e inicia acciones con su yerno y una sobrina, abogada exitosa. Martha atraviesa todo este proceso de duelo de una manera desapegada, aparentemente ajena a su realidad, vive su duelo en silencio y soledad, sin parecer asumirlo. Las huellas del bebé desaparecen, la pareja se desmorona.
Son las performances lo que hace este film visible y aceptable: Vanessa Kirby (la Margaret joven en The Crown) es extraordinaria en su dolor sordo, soterrado, en su lucha interior y familiar por mantenerse íntegra; el cuerpo de Martha/Kirby vive un dolor tan intenso que nada puede expresarlo. Shia LaBeouf, quien suele ser un actor de excesos, da aquí la medida del hombre algo brutal, y también más vulnerable, cuya desgracia lo empuja hacia sus rincones más oscuros, aunque el guión es demasiado duro con él. Molly Parker, la partera, tiene la presencia de ánimo, la calma necesaria en ese momento crucial.

La otra joya es Ellen Burstyn, la madre judía que se encarga de oficializar el dolor, y cual deus ex machina, intenta manejar la tragedia, interviniendo en cada detalle. Es también dura de ver la otra escena crucial, en la reunión familiar, con un duelo que enfrenta a madre e hija en sus distintas reacciones al drama.
El film está pautado por fechas: una por cada mes del otoño e invierno, en que suceden los capítulos. Un plano general fijo, de Boston y el río Charles, con el puente en construcción, de colores fríos, contrasta con los planos cercanos, ágiles, movedizos, de las escenas en interior, donde priman los colores cálidos.
El húngaro Mundruczó dirige un guión de su mujer, Kata Wéber, basado en su propia experiencia. El segundo acto, el del duelo, aunque duro, es el más interesante, a pesar del exceso de metáforas. El último y el epílogo prescindible resultan una decepción, porque constituyen algo previsible y no pueden sostener el climax tan cuidadosamente elaborado. Pero no obstante, es una valiosa película que despertará polémicas, tanto éticas como cinematográficas.
Josefina Sartora