Bridgerton
Creador: Chris Van Dusen
Varios directores
En Netflix
Josefina Sartora

La nobleza británica goza de gran demanda en los televisores, después del sonado éxito de The Crown. También en Netflix puede verse Bridgerton, una serie de época que retrata la sociedad aristocrática de Londres en el período Regencia, es decir, a principios del siglo XIX. la productora Shonda Rhimes, confió en Chris Van Dusen para la creación de esta serie basada en una serie de libros de la novelista Julie Quinn.
Debido a la enfermedad mental del rey Jorge III, su hijo asume como Regente, junto a su madre la reina Charlotte de Mecklemburgo-Strelitz. Vale recordar la película La locura del rey Jorge, de Nicholas Hytner, en la que Helen Mirren era la reina Charlotte. La época Regencia dio célebres escritores, como Lord Byron, William Tackeray y Jane Austen. Precisamente es la literatura de esta última la que parece haber inspirado esta historia, en la que es central la obligatoriedad del matrimonio para las mujeres jóvenes.
La historia de la primera temporada transcurre durante la estación en que las jóvenes de la nobleza –“debutantes”- hacen su presentación en sociedad, es decir, pasan a ser mayores y casaderas, se visten como damas y asisten a los bailes de la corte. Austen ha registrado muy bien este fenómeno social, en una sociedad que funciona a base de códigos establecidos, convenciones, que obligaba a cada joven a casarse antes de los veinte, o correr el riesgo de quedar “solterona”. “Yo he sido educada para esto, no tengo otro valor, dice la protagonista”. Toda la familia estaba abocada a esta misión.
Así, asistimos a la presentación de varias jóvenes, de dos familias: los Bridgerton, cuyo jefe ha muerto y la viuda dirige la familia de ocho hijos junto a su hijo mayor Lord Anthony, presenta a la joven Dafne (Phoebe Dynevor). Esta ha de casarse con alguien que venga a fortalecer las alicaídas arcas familiares, y un buen casamiento de la mayor ayudaría a que sus hermanas también lo logren en el futuro. La elegancia, la alcurnia de los Bridgerton contrasta con la vulgaridad de las Featherington, obviamente recién llegadas a la alta capa social. Sin embargo, las más jóvenes de ambas familias sostienen una férrea amistad. Si los ambientes de la mansión Bridgerton abundan en tonos pastel, y un celeste que evoca a las porcelanas Wedgwood, por el otro lado la casa y los vestidos de las Featherington no pueden ser más coloridos y saturados. Para despejar indeseables candidatas (él) y atraer a los más convenientes (ella), la joven Bridgerton hace una alianza con lord Hastings, el joven más codiciado de la corte, simulando un cortejo. Si bien esa unión comienza siendo ficticia, todos sabemos en qué derivará en el futuro. En este sentido no hay sorpresas, y la atención decae.

Todo lo que sucede en la corte –abierta o secretamente- es comentado, divulgado por una misteriosa lady Whistledown y sus inefables gacetillas, que toda la alta sociedad sigue atentamente. En ellas, desnuda las hipocresías de esa alcurnia pacata y pretenciosa. De este personaje misterioso sólo oímos su voz, que es la de Julie Andrews.
Si bien se trata de un melodrama de época, los personajes funcionan con un arraigo en la actualidad. Su actitud de mujeres desafiantes y su lenguaje resultan totalmente anacrónicos, y esa es justamente la intención. La segunda de los Bridgerton, Eloise, quien desea ser escritora, desdeña todas y cada una de las convenciones a las que se ven atadas su madre y hermana, y en cada capítulo se explaya en alguna perorata feminista. Asimismo, la música trae ecos contemporáneos.
Por supuesto hay muestras de la doble moral imperante, ya que lord Bridgerton tiene una vida disoluta, con una amante artista que nunca podrá presentar a su familia; su hermano Benedict asiste a reuniones no oficiales donde el sexo no se ciñe a ningún tipo de trabas y los nobles tienen acceso a placeres prohibidos; Mr Featherington es un adicto a juego y ha perdido la fortuna familiar; y el padre de lord Hastings ha renegado de su único hijo durante toda su vida por ser tartamudo.
Pero lo más curioso de la serie es su aspecto étnico. La reina Charlotte está interpretada por Golda Rosheuvel, una actriz de raza negra. Es histórico que una versión de la historia reclama ancestros negros para esa reina alemana, que abrió la corte a otras razas. Ella no es la única: lord Hastings, el poderoso y rico soltero codiciado está interpretado por Regé-Jean Page, otro actor de piel oscura, al igual que su padre y la que ofició de madre putativa en su niñez, lady Landbury (Andjoja Andoh), uno de los personajes más interesantes de la obra. En suma, la corte era multirracial, y en todos sus estadios: también aparecen lacayos negros. En momentos actuales, en que se ha instalado el debate sobre el racismo de la corona, entablado nada menos que por los nietos de la actual reina, conviene recordar que ya hace dos siglos que la Familia no es de pura sangre blanca. Otra serie más brillante, La Grande, sobre otra mujer progresista, Catalina de Rusia, también presenta una nobleza multirracial. Este detalle transforma una serie de época británica en un producto atípico, donde raza y género tienen tratamientos postmodernos.

Las locaciones son sitios históricos, y algunas escenas están filmadas en la Wilton House, que ya había oficiado de set para The Crown. También se valieron de museos como el Holburne de Bath, y algunas de sus pinturas aparecen en la serie. Si bien algunas podrían ser originales, otras son intervenciones de pinturas originales adaptadas para parecerse a los actores del show. El pintor amigo de Benedict tiene un estudio donde abundan recreaciones de cuadros famosos: de David, de Gentilleschi, y –en sintonía con el mensaje proto-feminista- vemos al final una pintura de Rosalba Carriera, una de las pocas pintoras famosas del siglo XVIII.