Festival de Cine Ruso 2021
Josefina Sartora
Durante el mes de junio se está desarrollando el Festival de Cine Ruso en la plataforma Qubit, con acceso gratuito para Argentina, Chile y Uruguay. Es la excelente oportunidad para ver un cine que tiene poca distribución comercial en nuestros países, trabada por una política comercial muy monopólica. Organizado por la distribuidora Roskino y el Ministerio de Cultura de la Federación Rusa, una selección de películas está recorriendo el mundo de manera online. Dirigido a todo público, hay películas de diverso tenor: dramas como El francés, Al filo, El cazador de ballenas y La doctora Liza, una comedia negra como El hombre de Podolsk, Viento del Norte, un cuento de hadas, ¡Más adentro!, otra comedia, y la serie de animación Kid-E-Cats para el público menor.

Hemos visto ya dos películas recomendables, sobre todo La doctora Liza, un drama dirigido por la realizadora Oksana Karas sobre un día en la vida de la médica Liza (Chulpan Khamatova), dedicada al trabajo humanitario en Moscú. Pero hay que abordarla sin prejuicios: la protagonista es una impertérrita trabajadora que doblega al más fuerte con su entrega a la tarea de ayudar a los marginales, carenciados y enfermos terminales. La película es al mismo tiempo una acerba crítica al sistema social, tanto de salud como del poder político, denunciando la burocracia, las prebendas políticas, la arbitrariedad de las decisiones oficiales. Siguiendo el modelo de Hollywood, filma contra reloj las vicisitudes de un día en la vida de esa mujer, quien después de cumplir un arduo programa debe llegar al festejo de su aniversario de bodas, y presenta un fresco social que no deja ámbito sin retratar. Resulta incluso más interesante cuando al final sabemos que la figura de la protagonista está basada en un personaje real, la doctora Elizabeta Glinka, líder de diversas ONG y fundaciones en las que colaboró entregando su vida en el servicio.

Otra crítica planea durante todo El hombre de Podolsk, una comedia negra del absurdo, opera prima de Semyon Serzin. Aunque filmada en el presente, podría remitir a los tiempos de represión stalinista. Un hombre casi anónimo, músico (Vadik Korolev), es detenido en una estación, y llevado a una comisaría en plena noche. Allí es sometido a un cuestionario sobre su ciudad natal y su propia vida, que él considera absurdo e irracional, y debe participar en bailes y cantos. La actitud de los policías es entre correcta y amenazadora, y la sensación de peligro se acentúa cuando aparece una capitana hermosa, seductora y maternal (Victoria Isakova, excelente), pero también peligrosa. Cada situación deviene más y más curiosa, porque los policías demuestran ser intelectuales al tanto de la actualidad musical rusa. Pese al tono de comedia e ironía, la humillación que vive el protagonista, la arbitrariedad de los medios y el terror kafkiano están claramente señalados.