Dirección y guión: Céline Sciamma
Francia/2019
Josefina Sartora

Céline Sciamma vuelve a tomar riesgos en este drama de época, con una historia de amor entre mujeres. El guión, la puesta y los diálogos no podrían ser más austeros, y alejados de todo criterio de qualité. Cuatro personajes femeninos, una mansión en el siglo XVIII de la cual sólo vemos espacios casi vacíos, y la hermosa costa bretona con un mar bravío. Allí llega Marianne (Noémie Merlant), una pintora con el encargo de realizar el retrato de la joven noble, que ha de cautivar a un designado pretendiente milanés. Lo peculiar reside en que la pintura debe hacerse sin que la retratada lo note.
Con esta consigna como punto de partida, Sciamma filma la construcción de una relación, la génesis de la confianza, el nacimiento y crecimiento del deseo.

Héloïse (Adel Haenel) no es una modelo fácil: acaba de salir del convento, su hermana mayor se ha suicidado cuando decidieron su casamiento, y ella debe ocupar su lugar, sin desearlo. Pero su madre (Valeria Golino) está decidida a encaminar su vida. Entre ambas se entabla una relación al principio ríspida, que llegará a un climax de pasión, de una pasión prohibida. Una relación donde prima la mirada, ya que la pintora debe memorizar los rasgos de su modelo. Ambas jóvenes, pintora y retratada, encontrarán en la criada Sophie (Luàna Bajrami) una amiga, primero las protege en su intimidad, y cuando sabe que ha quedado embarazada sin desearlo ellas la ayudan a probar todos los medios de aborto.
Es este un film que viene a refrendar todos los movimientos feministas que están teniendo lugar, y a sacudir la conciencia patriarcal. Sin personajes masculinos, aunque los mandatos familiares pretenden imponerse, las tres jóvenes se manifiestan dueñas de sus cuerpos, con la libertad suficiente para cumplir su deseo, sin culpas. Sciamma es sutil, delicada en el tratamiento, en la representación de los cuerpos, del deseo y la sexualidad.

Pero es este también un film sobre el arte. Un arte que, si bien tiene una finalidad banal, burguesa y utilitaria, trasciende esta intención, deviniendo un arte del deseo. Héloïse no tiene rostro al principio, en un retrato descartado, después adquiere un rostro falso, impostado, para finalmente llegar a su rostro epifánico. Y no solamente: Marianne decide pintar una escena de interior reproduciendo el acto del aborto, en un cuadro que nunca habrá de trascender. La fotógrafa logra un cuadro de época como pocas veces se ha visto, con un realismo austero, trabajando los contrastes entre el exterior, iluminado, vibrante, y los interiores en sepias y claroscuros. Una pintura que habla de la situación de la mujer, del deseo de liberación del orden patriarcal, como sucede también en la hermosa escena nocturna en la playa. Sciamma ha dicho que su film constituye un “manifiesto sobre la mirada femenina”. Uno de los grandes films del año, aunque llega hasta nuestras salas un año tarde.