No miren arriba

No miren arriba (Don’t Look Up)

Dirección: Adam McKay

Guión: Adam McKay, basado en una historia de David Sirota

Estados Unidos/2021

Netflix

Josefina Sartora

Si algo ha aprendido Hollywood en esta era postmoderna, es a reírse de ellos mismos. A poner en evidencia lo ridículo del sistema yanqui, de ese american way of life antes tan admirado, que los países menos desarrollados tratábamos de adoptar. Eso ha colapsado, lo comprobamos cada día, y lo comprobamos porque todavía queremos que aquello continúe, que haya héroes, que haya un modelo, que venga Henry Fonda a poner orden y se marche después, solitario, en busca de otros entuertos que arreglar. Esto ya no es, nos dicen las noticias de cada día. Los Estados Unidos han caído en el abismo más insondable, y no se ve que puedan reemerger.

Y Hollywood, que siempre fue antena de la realidad yanqui, se encarga de mostrarlo. Antes delicadamente, ahora sin tapujos. No miren arriba es una sátira donde toda la batería de la industria se ríe de sí misma, una sátira política que no deja a nadie en pie. Con variados matices, con variados ángulos y aproximaciones, con variados acentos. Todo esto podría anunciar un gran film, y sin embargo no lo es.

Arriba es el espacio. Allí una científica joven (Jennifer Lawrence) descubre un cometa de gran tamaño que se dirige hacia la Tierra, donde habrá de impactar en seis meses. Ella y su mentor (Leonardo Di Caprio) se movilizan para alertar a la Nasa y son recibidos por la propia presidente (Meryl Streep). La entrevista con ella revela la realidad que deben enfrentar: todos en la Casa Blanca minimizan el asunto, más preocupados por temas relativos a la imagen, a las próximas elecciones, y hasta dudan de la veracidad del descubrimiento. En los medios la respuesta es similar: un programa de televisión importante banaliza el tema, lo aligera, le resta importancia, hasta que la descubridora reacciona alterada gritando que todos han de morir. Por supuesto, pasa a ser blanco de la burla general.

Pero cuando la noticia es confirmada mundialmente, la presidenta no tiene más remedio que asumirla, y ordena un operativo para desviar la trayectoria del cometa. Imposible: el segundo hombre más rico del mundo, dueño de los teléfonos de última generación, informa que el cometa está compuesto por minerales altamente valorados y en extinción, útiles para elaborar aparatos electrónicos. El personaje más cínico, casi una caricatura de Steve Jobs, es quien toma las últimas decisiones, quien decide qué hará el gobierno: desgranar el cometa en pedazos más pequeños para que el daño sea menor, y aprovecharlos. Mientras tanto, la población mundial se divide entre los que miran hacia arriba, y temen lo peor, y quienes no miran, e ignoran la amenaza. Todos idiotizados por el manejo de las noticias.

El guión es cuadrado, sin sutileza alguna. El film prefiere no comprometerse políticamente. No se identifica el partido gobernante, pero la presidenta es una discípula de Donald Trump, de quien se evoca su desdén ante las advertencias del cambio climático: envuelta en escándalos sexuales, promueve un dudoso candidato para la Corte Suprema, permite comentarios racistas. Aunque también luce en una fotografía junto a Clinton. Ella manipula las noticias manteniendo a todo el pueblo idiotizado, y paralizado ante su (no) accionar.

Además de denunciar los siniestros impulsos que mueven la política, la película desarrolla una sátira con la recepción de la noticia en los medios, que vanamente intentan trivializarla, cerrando los ojos a la realidad, idiotizando a la audiencia. El científico, algo ingenuo, cae en las manipulaciones mediáticas y políticas, sirviendo a sus fines, hasta que reacciona.

Detrás de toda la demagogia de este film oportunista y pretendidamente crítico, cabe destacar que  el mensaje habla de una situación real: el peligro está allí afuera, llámese cometa, Covid, calentamiento global. Sólo basta mirar hacia arriba.

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