Dirección y guión: Kaouther Ben Hania
Túnez-Francia-Alemania-Bélgica-Suecia-Turquía-Chipre/2020
Josefina Sartora

En El hombre que vendió su piel la realizadora tunecina Kaouther Ben Hania se anima a poner en cuestión varios temas de candente actualidad: la represión política, la migración, y el mercado inescrupuloso del arte. Y sale airosa del desafío.
Sam Ali (excelente Yahya Mahaayni), un hombre que se ve perseguido por la policía de Siria tan sólo por mencionar la palabra revolución, y es rechazado por la familia de su novia, emigra a Bélgica, convencido por un artista conceptual de venderle su espalda. Aunque parezca broma, la historia está basada en un hecho real: el controvertido artista belga Wim Delvoye -quien tiene un cameo en el film- tatuó cerdos y la espalda de un hombre, que son exhibidos.

Sam firma un contrato comprometiéndose a exponer el tatuaje que cubre su espalda en distintos museos y exposiciones, ante numeroso público, y se llega al punto de que es vendido a un coleccionista por 7 millones de euros. Si bien Sam es consciente de que ha vendido su cuerpo -y su libertad-, disfruta de los privilegios que le otorga su nueva condición: visa de inmigrante en Europa, hoteles de lujo, caviar por las noches. Ha cambiado una forma de represión por otra. Cuando una agrupación en defensa de los inmigrantes sirios intenta rescatar su dignidad, los rechaza irritado.
El film -con sonado éxito en el Festival de Venecia- no llega al melodrama, sino que bordea la sátira en cada giro. En momentos en que obras como el tiburón y otros animales sumergidos en formol de Damien Hirst lo han convertido en el artista mejor pagado de Gran Bretaña, en medio de la controversia y el escándalo, mientras los globos de Jeff Koons se venden en millones de libras, la odisea de Sam cobra un peso rotundo. Arte y mercado están cada vez más relacionados. Ben Hania elige el absurdo, pone en cuestión y en ridículo un tratamiento del arte, la manera de engañar al público, y satiriza la figura del artista arrogante. La cuestión se agrava al incluir el tema de la difícil situación de los migrantes y refugiados. La historia romántica inicial –y final-, el amor que había generado toda la peripecia, va perdiendo interés ante la fuerza que cobra la deshumanización por el arte.