Memoria

Memoria

Dirección y guión:  Apichatpong Weerasethakul

Colombia-Tailandia-Alemania-Francia-México-Qatar-Reino Unido/2021

Josefina Sartora

¿Qué es un ruido? ¿Qué puede significar un sonido indiscernible? ¿Dónde van los sonidos una vez emitidos en el éter? Apichatpong Weerasethakul atraviesa estas incógnitas sin temor a adentrarse en terrenos ultrasensibles, arcanos, misteriosos.

Jessica (Tilda Swinton) tiene un sueño frágil. La despierta un ruido fuerte (¿un golpe sordo? ¿una explosión? ¿un disparo?) mientras los coches estacionados junto a su casa hacen sonar sus alarmas. Ella vive en Medellín, en cuya selva cultiva flores, y va a Bogotá a acompañar a su hermana enferma. En una cena, oye nuevamente ese sonido extraño. Pero sólo ella parece percibirlo, los demás permanecen ajenos, conversan de otros temas, no menos intrigantes: el encuentro con un hombre que Jessica asegura que ha muerto.

Sí, en Memoria Apichatpong ha cambiado de escena, ahora filma en Colombia, y con una Tilda Swinton hablando en castellano, pero sus inquietudes son las mismas. Descubrir lo que hay más allá de las apariencias, indagar en la incerteza, en realidades intangibles. No olvidemos El hombre que podía recordar sus vidas pasadas (2010), otra incursión en lo fantástico-maravilloso.

Jessica está determinada a identificar ese ruido, y acude  a un ingeniero de sonido para que juntos le encuentren significado. Un sonido que viene de la tierra, dice ella, atemorizada por algo que no tiene explicación. Ambos tratan de recrearlo en la computadora. Pero cuando regresa a una segunda sesión, Hernán ha desaparecido.

No cesa de sorprender ver a Swinton, la mejor actriz del presente, epítome de lo británico -escocesa por añadidura- hablando un duro castellano, en el rol de esa mujer que accede a lo misterioso.

Su búsqueda continuará hasta enfrentar una realidad inesperada: ella es médium, y puede recuperar la memoria de Colombia y su pueblo a través de otro Hernán (Elkin Díaz), un chamán. (¿Otro Hernán realmente?) Jessica recibe los recuerdos de quienes han vivido la represión, las persecuciones, la violencia. La memoria está viva y acecha en los lugares más insospechados. Resurge, se hace presente más allá de la razón. La memoria está encarnada en un hombre, y transmitida a una mujer. Incluso los sonidos, las voces, perviven. Apichatpong entra en un mundo mágico -algunos dirán que apela al realismo mágico colombiano- con sus largos planos, sus tempi lentos y concentrados, sus planos más largos de lo esperado, como indagando qué encierran esos montes, qué misterios percibe Jessica en una galería de arte, qué significa el chamán dormido en su pequeña muerte. Qué hay más allá de lo inmediato. El pasado demuestra estar presente en el aura del espacio, y de los humanos.

Ya lo he dicho en ocasión del estreno de El hombre que podía recordar las vidas pasadas: Apichatpong es uno de los directores más originales del momento, coherente consigo mismo, de una cinematografía bellísima, en imagen y sonido, donde la fuerza de la naturaleza ocupa un lugar tan especial como los tiempos y mundos paralelos. Como en sus anteriores Blissfully Yours (2002), Tropical Malady (2004) y Syndromes and a Century (2006), rehúsa los nexos lógicos y las relaciones causales, remite a la mitología y al rito al mismo tiempo que alude a la represión política, pasada y presente, de todos los países. De manera sorprendente, maravillosa, articula los espíritus del pasado con las inquietudes del momento contemporáneo. Cada una de sus películas constituye una experiencia meditativa y contemplativa.

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