Shamrock

Shamrock

Dramaturgia: Brenda Howlin

Dirección: Nano Zyssholtz

Teatro Becquett

La risa siempre es saludable, es sanadora y un medio de desahogo. La cartelera no abunda en comedias, en los tiempos que corren parece más adecuado presentar dramas, pero hay también momentos de diversión, y allí está Shamrock para disfrutar y reírse.

Sin embargo la historia no es banal: la obra presenta el drama de los inmigrantes que desde Irlanda llegaban a estas costas, escapando de terribles hambrunas. Ellas son las que causaron la migraciones en masa a fines del siglo XIX, que poblaron el Este de los Estados Unidos y generaron en Argentina una importante colonia irlandesa que se mantiene unida hasta nuestros días. Shamrock es el trébol emblema de Irlanda. Pero podría tratarse de otros grupos migratorios. A Buenos Aires llega Mary, enviada por sus padres para escapar de las estrecheces, casarse con sus novio irlandés Dido y formar una familia.

Pero la autora Brenda Howlin (con raíces irlandesas) elige darle un tratamiento farsesco, hacer del drama una comedia inteligente. Y no sólo esto: la hace en verso, lo cual no es algo fácil de representar ni de escuchar, porque imprime cierta extrañeza, cierta artificiosidad que en este caso no resta sino que suma. El verso aporta una musicalidad, y un agregado de extrañamiento, de distanciamiento que pone en evidencia el artificio, positivamente.

Si Mary llega inocente al puerto, pronto ha de incorporar la viveza criolla, como si fuera propia. Su novio es un mujeriego impenitente, pero ella no se amilana, al contrario, la ocasión le permite asumir que quiere ser independiente, rechaza los mandatos familiares que la trajeron a estas costas y hace su propia vida. Mary entabla amistad con varios personajes y transita por sitios icónicos porteños: el Hotel de Inmigrantes, el Tortoni, el Rosedal, Las Violetas.  Un artefacto móvil y dúctil permite cambiar de escenario en instantes. Una nueva Mary surge entonces con proyectos gastronómicos -siempre el tema del alimento está presente- y empresarios.

Nano Zyssholtz desarrolla un teatro físico, con los mejores intérpretes. Caro Setton compone una Mary para el recuerdo: menuda, plástica, con extraordinarias dotes histriónicas. Su Mary es encantadora, simpática, inteligente, su composición juega al borde del ridículo sin jamás caer en él, y maneja el verso con gran soltura. Hay momentos muy destacables: cada vez que el escenario cambia, Ale Gigena luce su esmerado trabajo corporal con una suerte de danzas, marchas y contramarchas evocadoras del cine mudo, que provocan la carcajada abierta. En otro momento, junto a Pablo Kusnetsoff intentan un número de magia. De Pablo conocíamos sus dotes de prestidigitador desde El centésimo mono, y aquí tiene una escena de magia a dúo que también se gana la risa desatada. Y otra más: puesta a fabricar scons con receta irlandesa, Mary se une a Rita (Justina Grande, también muy plástica) en un sketch maravilloso que también recrea el modo y la técnica del cine mudo.

Un espectáculo vivaz, llevado a cabo por un equipo impecable.

Josefina Sartora

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