Blonde

Blonde

Dirección: Andrew Dominik,

Estados Unidos/2022

Netflix

Josefina Sartora

Una vez más, quienes somos fans de Marilyn desde la primera hora, volvemos a ver su memoria bastardeada, menoscabada, ridiculizada. La figura de Marilyn Monroe es tan genuina, tan polifacética, tan icónica, que nada que intente recuperarla le está a la altura. Tampoco podemos creer en el lugar común, que a Marilyn la construyó Hollywood: ella tenía demasiada creatividad para tolerar que le impusieran modelos. En todo caso, ella construyó su máscara, la impuso, y Hollywood la plagió después. Pero ella misma no terminó de identificarse con la imagen que construyó, ni con su nombre, viviendo hasta el final una duplicidad entre Norma Jane y Marilyn.

Basándose en la ficción que escribió Joyce Carol Oates en 2000, el australiano Andrew Dominik se toma casi tres horas para reconstruir una posible vida de la actriz, signada por la tragedia. Posible, dentro de las diversas versiones de su vida, tal vez la más oficial. Y deja de lado las otras. Menos aceptadas, pero más genuinas. La línea directriz del film es el sufrimiento del personaje, marcado por su desgraciada infancia y juventud, los abusos que sufrió antes y durante su estrellato. El resultado es que su intérprete Ana de Armas llora en la mayoría de las escenas. A pesar del exceso de maquillaje, la actriz nunca logra el glamour de MM cuando imita sus manierismos, basándose en cantidades de registros fílmicos y fotográficos de la estrella más retratada de la historia. Blonde es el relato de una auto destrucción, de un sino trágico anunciado desde el comienzo, de una espiral de sufrimiento, misoginia, sadismo y masoquismo, que de una u otra manera acabó con la vida de esa actriz, tal vez la más célebre de la historia. Que sin embargo terminó sola, sin apoyos ni amor ni ternura cercanos. Del abuso que sufrió a manos de los hombres, y de su propio abuso con drogas y alcohol. De cómo se construyen los mitos, y se acaba con ellos.

Dominik cuenta la historia de una autodestrucción, de una pasión en varias estaciones, con abundantes hiatos. Está tan focalizado en la herida psicológica de Norma Jane que omite la genialidad de Marilyn, y deja de lado toda teoría conspirativa, ni siquiera menciona -aunque tampoco nombra a Di Maggio, presente en el film- a Robert Kennedy, con quien la actriz sostenía un vínculo sexual simultáneo al de su hermano. Y tampoco hay mención del lado político de Marilyn, de su compromiso contra el Comité de Actividades Antiamericanas, o a favor de la integración racial, o de la independencia de los actores frente a los estudios. Y menos aun se evoca su incomparable humor.

Las fantasías de Marilyn -algunas en blanco y negro, pero no solo usado con ese fin, sin que sepamos cuál es el criterio- juegan con los momentos reales, sin mayor éxito ni sutileza. Ana de Armas también es abusada en el film, con escenas de desnudo gratuitas e insistencia en focalizar en su trasero. Las tomas más burdas: las imágenes de los fetos de los frustrados embarazos. Todos sus embarazos constituyen otra estación de su tormento. Sólo el esfuerzo de Ana de Armas -a pesar de estar lejos de su modelo- podría salvarlos del desastre.

Tal vez por cumplirse ¡60! años de su muerte, Netflix ha estrenado casi simultáneamente este film de ficción y un documental que investiga las circunstancias de su muerte. El misterio de Marilyn Monroe. Las cintas inéditas, dirigido por Emma Cooper, recoge la investigación del periodista Anthony Summers y grabaciones de quienes estuvieron relacionados con ella. Hay aquí una valoración de Marilyn como actriz y como mujer de carácter, y focaliza en la relación tumultuosa y al borde del escándalo que sostuvo con los hermanos Kennedy. Denuncia el encubrimiento que el FBI hizo sobre las circunstancias de su muerte, las mentiras alrededor de la misma, pero sin llegar a fondo. Como lo sugiere el título, el misterio continuará sin explicación.

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