No Bears
Dirección y guion: Jafar Panahi
Irán/2022
Josefina Sartora

Dos ideas atraviesan el cine de Jafar Panahi: la denuncia, o exhibición de la realidad social y política de su país, Irán, y sus experimentaciones sobre el dispositivo cinematográfico. Esa doble vena llegó a su culminación en Esto no es una película. Su actitud política lo ha condenado desde 2010 a estar preso en su propio país, primero en su domicilio, ahora sin poder salir de su territorio, y pende sobre él la prohibición de hacer cine por 20 años, aunque el director siempre se las ha ingeniado por contravenir esta condena. La convulsionada realidad del país ya es hoy de dominio público mundial, cuando la misoginia, el maltrato a la mujer ha llegado a la lapidación y al asesinato de una joven por no usar adecuadamente su hijad, y multitudes se mueven mundialmente para denunciar y rechazar este estado de situación. En Qatar, la selección de fútbol iraní se niega a cantar su himno en señal de protesta por hechos abominables.
Su nuevo film es de compleja ambición: el director está en el pequeño pueblo de Jaban, en la casi frontera con Turquía, pero filma desde allí -gracias al teléfono- una película en la ciudad. Film dentro del film, las primeras escenas de una pareja que va a irse del país se revelan un film en abismo, con un tema candente. Los bordes entre realidad y ficción, realidad vivida y filmada, ficción y documental son muy lábiles, imprecisos, y las largas tomas en plano secuencia acentúan el cariz documental. La pareja del film en rodaje, por otra parte, filma una situación similar a la que está viviendo en la vida real (de la película), en este juego de cajas chinas.
Si Panahi el personaje se refugió en ese remoto villorio en una suerte de exilio interior para evitar la atención sobre su persona, se equivocó. Todos los vecinos están intrigados por la presencia de un cineasta en ese pueblo perdido, y para colmo, toma fotos del lugar, ha registrado juntos a una pareja que no está comprometida, y que desafía así las reglas que impone la tradición. El hombre se ve envuelto en una trama de actitudes reaccionarias, conservadoras, que no llega a comprender, y se gana el rechazo de todos. De paso, denuncia esas viejas costumbres que dan a una niña en matrimonio al nacer, por ejemplo, y llega al extremo de filmar absurdas ceremonias ancestrales, tradiciones, supersticiones. Como los osos, que los pobladores imaginan hay en el lugar. Pero lo que él ve como una situación absurda es en realidad muy seria y puede tener consecuencias funestas.
Siempre encontramos ecos del cine de Abbas Kiarostami en las películas de Panahi. Tal vez un tributo al maestro, tal vez porque su realidad es similar. En No bears, la situación en Jaban deviene alegórica de las condiciones en Irán, y las sospechas sobre Panahi en el film evocan las acusaciones de su gobierno. Mientras tanto, el film en abismo evoca las penurias de quienes sueñan con la emigración, y el alcance de las fronteras.