Triángulo de la tristeza

Triángulo de la tristeza (Triangle of Sadness)

Dirección y guión: Ruben Östlund

Suecia-Alemania-Turquía-Grecia-USA-Suiza-Dinamarca-México/2022

Josefina Sartora

El sueco Ruben Östlund es un realizador dedicado a retratar -a veces con ironía- el lado más oscuro, más repudiable y hasta repugnante de la sociedad contemporánea, en particular la de la clase capitalista más pudiente. Así fue en The Square, en Force majeure, así es en Triángulo de la tristeza. Después de una obertura donde se pone en claro la relación fama-amor-dinero en las parejas modernas, una galería de personajes muy poco simpáticos embarca en un crucero de lujo: una pareja de jóvenes modelos e influencers (Charlbi Dean y Harris Dickinson) que viajan como invitados, es la pareja que muestra las decadentes características de las nuevas relaciones; un rústico nuevo millonario ruso (Zlatko Buric´) y su mujer, a quienes sólo le interesan las adquisiciones; un inglés fabricante de armas; la directora de personal, que exige cumplir todos los deseos de los pasajeros, por absurdos que sean: la sátira se desparrama con un cinismo de trazos gruesos.

Hasta que las cenas con manjares exquisitos son interrumpidas por una tormenta que provoca los vómitos de todos los pasajeros, diarreas y el desborde de los inodoros, catástrofe con la cual todos acaban nadando en un mar de asquerosos detritus. Pero no terminan las tribulaciones allí: el barco es atacado por piratas, luego se hunde, y algunos logran llegar a una costa. Toda esta debacle sobreviene mientras el capitán (Woody Harrelson), borracho, no acierta a hacer nada útil.

En tierra firme los roles se invierten, y la doméstica filipina (Dolly De Leon) la única que tiene los recursos necesarios para sobrevivir, pasa a ser quien da las órdenes, sometiendo a los ricos con mano férrea. Después de todo, esta era una película sobre el poder y la lucha de clases, pero moralmente nada diferencia a unos y otros.

La película discurre como una comedia negra, con moralejas obvias, sobre todo en el alegórico final, que lleva su cinismo al extremo. La sutileza no es una de las virtudes de Östlund, está ausente en sus películas. Basta escuchar la hueca conversación del ruso y el capitán sobre el marxismo.

Con todo, los gustos son gustos: el film tuvo una ovación de ocho minutos en Cannes y ganó la Palma de Oro.

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