Cine en Chennai

Bommai Nayagi

Dirección y guion: Shan

India/2023

Josefina Sartora

Chennai es una de las dos mecas de Bollywood. El cine indio ha llegado a un extremo punto de desarrollo, con cientos de films al año, todos de muy larga duración, en los que siempre están presentes el romance, la música, la violencia, la policía. En Chennai se filma en idioma tamil, y en Mumbai en hindi. Tuve la oportunidad de asomarme a ese mundo gracias a las invitaciones de mis amigos, Vinoth Irudhayaraj y Subadhra Robert, ambos exitosos actores en Chennai. Antes llamada Madrás, esta ciudad del sureste de India, con 8 millones de habitantes tiene una muy intensa vida diurna, que se desarrolla en sus numerosos barrios cercanos al mar, donde los templos dedicados a Shiva, Vishnú y Ganesha alternan con imponentes edificios, mansiones rodeadas de paredones, vacas y cabras que circulan por las calles junto a un tránsito frenético.

Fui invitada por Subadhra a una función privada de su película que estrena este mes, Bommai Nayagi (cuya traducción del idioma tamil o tamul de esta zona del país sería aproximadamente Pequeña diosa),  opera prima del joven director Shan. La proyección fue en la sala de pruebas de uno de los numerosos estudios de Chennai, y no difirió de las funciones para prensa de Buenos Aires: muchos técnicos, algunos críticos, siempre un intermedio en las películas indias (con café y galletitas), con notoria ausencia femenina. El mundo del cine todavía no está abierto a las mujeres, no hay técnicas ni directoras, sólo actrices, por ahora, aunque Subadhra es optimista en este sentido.

El film aborda el delicado y actual tema del abuso a la mujer y la pedofilia. Una familia tipo: el padre trabaja en un puesto de té callejero, de los que abundan en la ciudad, la madre se ocupa de las tareas en un hogar muy humilde. Una mutua comprensión une al padre con su hija. En una fiesta popular y política, la hija de 9 años es violada por unos amigos de su tío poderoso, económica y socialmente. Ese hecho es tabú: la familia no puede mencionarlo para no menoscabar la vida de la niña , que quedaría mancillada para siempre. Por otro lado, el tío se ocupa de callar a su hermano, mediante soborno y amenazas. La policía cae bajo la influencia del hombre y su medio mafioso. Gracias a la intervención de unos activistas de izquierda que asesoran al padre, éste decide llevar a los culpables a juicio, ayudado por una abogada muy capaz y valiente. Tras varios giros de guion, el film deja bien establecida la importancia de sacar a la luz la verdad sobre injusticia y opresión y hablar de ellas.

Pese a su talento como actriz y a su belleza, Subadhra (quien actuara antes en The Way of the Wave) no es la protagonista, sino que el héroe es aquí el padre, y la madre queda en un segundo plano, doméstico, cumpliendo con las normas de esta sociedad. Es el hombre quien desafía al poder. El actor Yogi Babu se ha consagrado como actor de comedias (Mandela, Pariyerum Perumal, Beast); aquí protagoniza un drama, y sale airoso del desafío. Lo notable es que dos personajes femeninos, la abogada y la policía que al final defiende a la niña, son seres fuertes, capaces de hacerse valer. La policía recuerda un poco a la protagonista de la serie Muerte en Delhi, vista en Netflix. La música ocupa un lugar importante: no hay números musicales como suele haber en Bollywood, sino que es incidental, nunca gratuita, y apropiada para acompañar la acción.

Este film se aparta del modelo de Bollywood, que vi en reiteradas ocasiones: es casi cine arte. Y aborda temas que hoy ocupan la pantalla internacional. Por rebuscados motivos comerciales y también industriales, este cine indio no llega hasta nosotros. Sin embargo, nada tiene que envidiar al cine mainstream de Hollywood, y esta película tendría aquí un éxito similar a las tantas películas que maneja nuestra limitadísima red de distribución.

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