Bafici 2023, 2ª nota

Foco Clément Cogitore

Josefina Sartora

Como buena vieja cinéfila, en todos los festivales me interesan las retrospectivas, o focos, o como quieran llamarle. Este Bafici es la oportunidad para asomarse a la obra de Clément Cogitore, un director francés que ya ha pasado por estas pantallas, cuya obra, muy contemporánea, se ocupa de personajes atravesados por las duras circunstancias que estamos viviendo en un mundo convulsionado. Ni el cielo ni la tierra (su opera prima, 2015) estuvo en Pantalla Pinamar hace unos años, cuando existía ese curioso y valioso festival hoy destronado. Cogitore se suma a las varias producciones europeas que abordan las consecuencias nefastas de la ocupación europea en Afganistán. Con un estupendo Jéremie Renier  (actor de los Dardenne), presenta una serie de situaciones dramáticas que hablan de la locura desatada por el conflicto bélico, que transforma –para peor- a todos los involucrados. Los soldados franceses actúan como señores feudales y dueños de la verdad, negando sus derechos a los nativos. El absurdo de la anécdota: soldados que desaparecen durante la noche por obra de magia, como si la montaña quisiera cobrarse sus víctimas sacrificiales. Todo habla del sinsentido de esa guerra: ¿qué hacen allí esos soldados franceses? ¿De quién es el “fuego enemigo”? ¿Contra quién luchan? ¿En nombre de qué mueren?

En su film más reciente, Goutte d’or (2022), el escenario es Paris, en uno de sus barrios periféricos más conflictivos, Gota de Oro, donde rigen leyes propias. Allí Ramses (Karim Lecolu) -protagonista exclusivo- oficia de vidente, de mago contemporáneo: ante sus consultantes pretende canalizar las energías de seres queridos muertos, aunque todo es un fraude bien armado. Su negocio se ve alterado por la intrusión de una banda de chicos árabes que llegan para romper su orden. Sin embargo, y para su sorpresa, Ramses vive una situación que trasciende toda explicación racional: un milagro. Una vez más, Cogitore aborda cuestiones no cartesianas, trabaja con lo inexplicable, lo esotérico. Con una fotografía oscura, nocturna, de planos cerrados, Cogitore logra la incerteza del ambiente e incluso de la historia, la ambigüedad de la peripecia. Una película con contenido social y misterioso.

Braguino (2017) en cambio, es un mediometraje documental sobre una familia de cazadores que habita en la taiga siberiana. Lejos de todo poblado, viven del auto abastecimiento, respetando la preservación de la naturaleza. Esos rostros, esos niños remiten a una situación mítica, primordial y primitiva. Muy cerca viven los Kiline, otra familia con valores diferente. El enfrentamiento entre ambos es feroz, y la violencia está a punto de estallar. El documental muestra la ferocidad de esa vida forestal, y la inocencia de los niños que juegan en el río. Cogitore filma una vida bucólica con idealismo, pero también instala un aura crepuscular, intuimos que esa situación no puede prolongarse en el tiempo.

Clément Cogitore es un director joven, con un universo rico en propuestas, siempre indeterminadas, siempre alejadas de toda certeza, abiertas a distintas posibilidades, que rechaza toda clasificación cerrada.

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