Errante. La conquista del hogar
Dirección y guion: Adriana Lestido
Argentina/2022
Josefina Sartora

Panorámicas de un mundo interminable, montañas nevadas, glaciares, mar contra las rocas, las luces verdes de la aurora boreal en invierno, las distintas tonalidades de la paleta del blanco. Fotos fijas extraordinarias de la más grande fotógrafa argentina, Adriana Lestido, componen este film que, anunciado como documental, es en verdad una obra poética. Poesía sin palabras, porque salvo algunas citas significativas -Liliana Bodoc, Murakami, Spineta…- no hay comentarios, ni música casi, sólo la imagen y el sonido directo de la naturaleza.
Su obra fotográfica había tenido a la figura humana como protagonista casi exclusiva, en sus trabajos en blanco y negro sobre gente en prisión, o madres adolescentes presas, con quienes ha elaborado una reflexión sobre las relaciones humanas, la ausencia, y también las consecuencias de la dictadura. Una residencia en la Antártida abrió un nuevo mundo en su mirada, con la incorporación protagónica del paisaje y el uso del color, que derivó en su libro Antártida Negra y Los diarios. Durante 2019 y 2020 realizó un viaje en soledad al Círculo Polar Ártico, y con un equipo mínimo tomó estas imágenes que hoy componen Errante, film que se exhibe en la Sala Lugones y el Malba.
Estructurado en capítulos estacionales, su cámara registra las distintas actitudes de la naturaleza: las aguas burbujeantes que emergen en primavera, la paz del verano, en otoño los edificios inhabitados son la única señal del ser humano ausente, la aurora boreal invernal luce espléndida, la nieve omnipresente, y retorna la primavera, en una evolución circular. Sus panorámicas, planos generales, sin humanos, sin comentario, recuerdan el cine de James Benning, pero Lestido le imprime un ritmo y una dinámica que carece Benning, y una significación personal. Porque obviamente, este es un viaje interior e iniciático. Ya Los diarios de Antártida negra testimoniaban la medida de su búsqueda de su ser íntimo en su viaje a la Antártida, y en esta geografía inhóspita, gris y difícil de montañas solitarias, nieve, rocas y mar, parece llevarla a un extremo, de externo a interno, en una actitud contemplativa y meditativa.