Corsage

La emperatriz rebelde (Corsage)

Dirección y guion: Marie Kreutzer

Austria-Luxemburgo-Alemania-Francia/2022

Josefina Sartora

Desde mi niñez, Isabel Amalia Eugenia de Baviera, la emperatriz Isabel de Austria-Hungría, Sissi (sic, sin acento), fue una figura familiar en mi vida. Las películas edulcoradas, encantadoras que filmó Erst Marischka con la bella Romy Schneider, quien quedó para siempre identificada -hasta atrapada- con su personaje idealizado, de cuento de hadas, fueron un faro, un modelo para esa época romántica. Leí varias de sus biografías, vi otras películas y obras de teatro dedicadas a la época -inevitable el Ludwig de Visconti-, y cuando mi trabajo me llevó a Viena -en varias ocasiones- visité el Palacio Hofburg, Schönbrunn, y Mayerling, todos sitios que la evocan. La revisión de esa figura icónica, a la luz de la mentalidad del siglo XXI, post feminista podemos decir, despierta un interés de todo tipo. La directora austríaca Marie Kreutzer decidió bajarla del podio idealizado donde la puso la historia oficial, y da un retrato más humano, y también doliente. Sissi, casada a los 15 años con el emperador Francisco José, fue en realidad víctima de una sociedad patriarcal, conservadora, represiva, con la que confrontó toda su vida dada su personalidad abierta, rústica, liberal.

El significativo título original de Corsé refiere tanto a esta situación de opresión como al hecho literal de su anorexia, su propio apretar el corsé en su obsesión por su figura, su culto a la delgadez y a la belleza, a la que dedicaba horas de su día, a su peinado -tenía tanto cabello que su peinadora tardaba 2 horas en peinarla y a veces debía llevar un sostén para la elaborada coiffeuse que le realizaban, pues pesaba tanto como la corona. Su trabajo con el cuerpo persistía en las horas de caminata y de cabalgata que dedicaba cada día, el gimnasio que montó en sus habitaciones, los baños que se daba, la esgrima.

Con su guion iconoclasta, Kreutzer reescribe la historia, traza una biografía muy personal, acotada a los años 1878 y 1879 cuando ella tenía 40 años, con un particular punto de vista y prefiere sus propias interpretaciones para las curiosas -en la época- conductas de la emperatriz, que luchaba por zafar del corsé de las formalidades de la estricta corte vienesa, escandalizada por la conducta de la soberana.

Muy especial es como está mostrada la relación con su frío, distante marido (Florian Teichtmeister), quien trata de someterla a deberes imposibles, y de coartar su libertad. En la decadencia del poder de los Habsburgo, él intenta conservar su imperio, mientras Isabel parece más inclinada a apoyar las pretensiones independistas de Hungría. Cerca, muy cerca, está la Primera Guerra Mundial. Atenta a las necesidades de su marido que ella no puede cumplir, maneja su sexualidad. Se ocupa de encontrarle otra mujer que lo entretenga, mientras ella tiene su (posible) amante, Bay Middleton, antepasado de la actual princesa del Reino Unido, o su amigo (¿?) húngaro Gyula Adrássy, y goza de la compañía del rey Luis de Baviera, quien siempre sintió por su prima un amor platónico.

La pobre Sissi debe de haber sufrido mucho por su fuerte personalidad en el medio estricto, puritano y represivo de su tiempo. La película ilustra sus intentos de independencia, de diferenciarse del entorno. Las excentricidades de la emperatriz -sus máscaras, velos que ocultaban su rostro son auténticos-, la masturbación, están vistas con un toque de humor, incluso de ironía, también como una forma de relajar las tensiones, que sin lugar a dudas la sumieron en el sufrimiento, la depresión, incluso en la adicción a los medicamentos. En estas contradicciones, tanto de la protagonista como de la historia, reside el mayor mérito del film, porque desacartonan al personaje. El mismo efecto logran los anacronismos, la música contemporánea, nunca un vals vienés.

Vicki Krieps resulta una elección estupenda para interpretar a la noble, distinta del retrato de Romy, en una interpretación casi opuesta: no una belleza perfecta como aquella actriz, sino más parecida a los muchos retratos de Sissi que he visto. Una actriz dúctil, que ha interpretado con excelencia personajes dispares en francés o noruego –Más que nunca, Abrázame fuerte-, inglés –El hilo invisible-, alemán –Gutland-, siendo ella luxemburguesa. El film ha sido nominado a premios en numerosos festivales, y Krieps ha ganado varios galardones por su extraordinaria actuación. Kreutzer la filma en planos brillantes de Judith Kaufmann, con su gesto adusto, acompañada de su séquito femenino, o bailando alocada, cabalgando frenéticamente, como si quisiera así sacudirse el yugo. Pero la Sissi de Krieps sabe íntimamente que hay un solo camino para desprenderse de su signado destino.

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