Mato seco em chamas

Mato seco em chamas

Dirección y guion: Joana Pimenta y Adirley Queirós

Brasil-Portugal/2022

Josefina Sartora

Tras haberse presentado con éxito en varios festivales, incluido el de Mar del Plata, y haber ganado diversos premios, llega este muy curioso film que ha convocado con razón tanta atención internacional, en el que nunca está clara la identidad de la ficción o del documental. Un film que muestra una realidad actual de Latinoamérica con una crudeza pocas veces vista. En los suburbios de Brasilia, en la enorme favela Sol Nascente, de calles de tierra roja, siempre con las luces de la ciudad como fondo, dos hermanas practican la extracción clandestina de petróleo, que refinan con un grupo de mujeres gasolineras y venden sus empleados motoqueros a precio más bajo que el de la monopólica Petrobras. Una de ellas, Léa (la actriz no profesional Léa Alves da Silva) es ex convicta reciente, lesbiana, fuma durante todo el film, y cuenta sus andanzas, que suponemos son reales. Chitara (Joana Darc Furtado -ojo a ese nombre emblemático-) es la líder y maneja a todos con mano de hierro. Ambas sostienen conversaciones que apelan a sus propias vidas íntimas, sus familias disociadas, y en esas charlas de docuficción no falta una mirada a cámara.

El talentoso Adirley Queirós (Branco sai, preto fica) se asocia con la portuguesa Joana Pimenta -a cargo también de una impactante fotografía- y rechazan toda convención: el film tiene una narración nunca unívoca, fluctúa entre distintos tiempos: narra los hechos ocurridos, la actualidad de Brasil y el posible futuro en esos lugares, sin recurrir a la linealidad. Tampoco se ajusta a un género: si por momentos presenta un registro documental -los largos primeros planos de monólogos de Léa evocando su pasado, o contando sus desventuras, como si quisiera apropiarse del film todo, una (muy) larga sesión evangelista, los trabajos en una fábrica de ladrillos-; otros momentos remiten a las películas de bandas en moto, como las futuristas postapocalípticas (Mad Max), con aires de ciencia ficción, o al western, con sus bandas de a caballo. Y la música juega un rol funcional. Pero el rasgo documental va más allá, evidenciando el dispositivo, como cuando se explica que Léa ha sido arrestada nuevamente y no podrá continuar con el rodaje.

Mato seco en chamas tiene una potencia visual y sonora irrebatible. La presencia de esa banda trabajadora matriarcal contrasta con un entorno intensamente militarizado, y las consignas del Partido del Pueblo Prisionero (PPP) constituyen la alternativa posible a las manifestaciones populares de apoyo a Bolsonaro. Con ese microcosmos distópico y marginal, la película parece proponer un mundo alternativo, una rebelión ante una realidad política y social acuciante y altamente probable. ¿El futuro es mujer? ¿Un mundo matriarcal es posible? Tal vez solo en esas condiciones.

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