Napoleón
Dirección: Ridley Scott
Guion: David Scarpa
Reino Unido – Estados Unidos/2023
Josefina Sartora

Ambiciosa, la nueva épica de Ridley Scott: mostrar el acceso al poder, ascenso, reinado y caída de Napoleón. Quien quiera aprender algo sobre la historia del héroe, esta no es la película indicada. Quien quiera ver escenas de batalla y masacres, será beneficiado. El poder de Scott está en la acción, como lo mostró en las notables Alien y Blade Runner. Scott demuestra que le interesa muy poco la historia del soldado corso que llega a ser emperador después de la revolución francesa, que había instaurado una república. La historia dice que Napoleón Bonaparte fue uno de los más grandes estrategas de todas las épocas, tanto en lo militar como en lo político. Muy poco se muestra aquí, porque Scott está más ocupado en mostrar la personalidad caprichosa, egomaníaca del hombre que sus cualidades políticas. Lo presenta con un cariz infantil, como si tomara su gobierno como un juego. Ni siquiera en la batalla -que hay muchas- se lo ve operar con astucia. A lo sumo el ataque a Toulon o alguna orden: esperen que estén más cerca para atacar. Batallas que están magníficamente mostradas, porque este es el fuerte de Scott, sobre todo en la batalla de Austerlitz: cuidadas coreografías, profundidad de campo, cruentas masacres y una paleta de color casi monocroma muy elaborada. Pero la película de Scott es una épica clásica, diría convencional, un biopic típico, en donde los errores históricos son varios. Tampoco destaca que Napoleón construyó un imperio similar al de Roma, conquistando Alemania, Italia, España, media Europa. Pero bueno, la historia no es aquí lo importante.

Joachim Phoenix cumple las consignas del director: jamás sonreír, comer mucho, parecerse a la iconografía del emperador. Hasta la escena de la coronación reproduce la pintura de Jacques-Louis David. La suya es una interpretación que bordea la parodia: basten sus juegos con el célebre sombrero, o los malabarismos que ejecuta para colocarse la corona por encima de los laureles. Su Napoleón es un empresario, un arribista que supo aprovechar sus oportunidades para llegar de teniente a emperador, para regresar triunfante del exilio y para aceptar la derrota con gracia. Pero a héroe le interesaba más su mujer que su imperio, por ella renuncia a culminar la conquista de Egipto, y por ella regresa del exilio.
Tampoco demuestra Scott su mano para el melodrama, y aquí había mucho material para desarrollar. Lo salva Vanessa Kirby, siempre excelente, con una Josefina íntegra, seductora, algo licenciosa pero que sabe aceptar su sino y permanece fiel a su hombre hasta el final. Ambos, Napoleón y Josefina, resultaron extraños a su ambiente, parvenus a la nobleza.

Si a alguien le interesa realmente la historia de Napoleón, y quiere ver un film grandioso, anímese al Napoleon de Abel Gance, que en 1927 fundó las bases del cine histórico y épico.