Eureka y el cine argentino

Eureka.

Dirección: Lisandro Alonso

Guion: Lisandro Alonso, Fabián Casas y Martín Caamaño

Francia-Alemania-Portugal-México-Argentina/2023

Con Eureka, Lisandro Alonso no deja de asombrarnos. En una película de casi 3 horas, recorre las realidades de pueblos originarios de América. Comienza con los Estados Unidos, y obviamente adopta el Far West, y en blanco y negro, donde un indígena canta al universo. Irrumpe la historia con el manido tema del recién llegado que trae problemas al pueblo. Un pueblo degradado, lo más oscuro de la tradición del western. Viggo Mortensen ejecuta todos los gestos esperables de ese personaje, quien dispara contra todo obstáculo, pero todo suena a parodia provocativa. Y eso es: una farsa del western, que opera como obertura al tratamiento que el cine ha dado al indígena, quien en pocos espacios ha sido peor tratado que en Hollywood.

Deja la historia en medias res y en una notable transición pasamos a la actualidad en la reserva sioux Pine Ridge en Sur Dakota, descarnada versión del patio trasero americano. Otra época, otros lugares, pero la misma escoria, el mismo detritus, una historia policial con dramas de ciudadanos de segunda clase, que constituye el núcleo central del film, y el más logrado. Estos personajes tienen sus urgencias sociales, sus creencias ancestrales y sus medios de evolución, que incluyen las mutaciones. A Alonso no le interesa cerrar sus historias en este políptico, que abre sin cesar; la historia no es aquí lo importante, sino su trascendencia.

En este deambular por las realidades americanas con su realismo mágico, en una disociación que pasa de ciertos tiempos y espacios a otros diferentes, un personaje, mutado, nos lleva a un drama de rivalidades y la búsqueda del oro en la selva (¿mexicana? ¿de Centro América?), con otro grupo étnico originario, otra cultura, y otra explotación. Y especifica: Brasil, 1974, otra etnia castigada. La estética de cada una de las estaciones es diferente, incluso la paleta cromática se transfigura; del blanco y negro inicial modula a los colores vibrantes y el claroscuro, y al final, a los ocres y verdes de la selva. En cada cuadro, en cada movimiento, los símbolos: los personajes y objetos que sugieren más que lo que aparentemente muestran. En todas, la opresión, la situación extrema de la cual la única salida posible es la magia, o el paso a la espiritualidad. Allí está la hermosa última escena para demostrarlo.

Una se pregunta qué llevó a Alonso a filmar este tríptico -que casi son 4-, tan alejado en algunos aspectos de su cine anterior y que al mismo tiempo no deja de reiterar sus temas, sus traslados, la naturaleza, su ritmo de filmación, sus largos planos, sus tiempos muertos. El film deconstruye el western e indaga en las condiciones de vida y explotación de los originarios, en distintas épocas y países de América, y su relación con la naturaleza. Es inevitable recordar los personajes de La libertad y Los muertos, también originarios argentinos. Eureka es una película intrigante, como si más allá del abordaje político y social Alonso estuviera indagando en mundos alternativos, chamánicos, y requiere la atenta participación del espectador. Distintos formatos, distintas estéticas para cada sección, y el mismo afán investigativo.

Eureka es fruto del talento y el trabajo obsesivo de Lisandro Alonso. Ellos le permitieron contar con la presencia de dos estrellas internacionales, Viggo Mortensen (como en Jauja) y Chiara Mastroianni, con el director de fotografía Timo Salminem. Su rodaje le llevó cinco años de trabajo e investigación en Estados Unidos, donde tuvo una beca. Fue estrenada en Cannes,  y pasó a otros festivales internacionales.

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El talento de Lisando Alonso no es una rara avis, ni un milagro. Es un ejemplo del buen cine argentino, fruto de políticas culturales que permitieron el surgimiento de excelentes cineastas como Lucrecia Martel, Benjamín Naishtat, Milagros Mumenthaler, Martín Solá, Natalia Smirnoff, Santiago Loza, María Aparicio, Anahí Berneri, Albertina Carri, María Alché, Agustina Comedi, Gustavo Fontán, Martín Farina, Iván Fund, Paula Hernández, Santiago Mitre, Ana Katz, Matías Piñeyro, Celina Murga, Laura Paredes, Rodrigo Moreno, por nombrar solo unos pocos, y una más larga lista de sus films que han dado fama al cine argentino en el mundo.

Esta industria está al borde de la desaparición. El abrupto cambio de concepción de la cultura que ha traído el actual gobierno incluye el vaciamiento del cine nacional, entre otras actividades culturales. El quite de subsidios al cine hará imposible la realización de películas, el cierre de las escuelas Enerc terminará con el surgimiento de nuevos talentos, y la eliminación de los festivales impedirá la presentación de nuevas películas nacionales y extranjeras, el intercambio entre realizadores y productores, el encuentro entre cinéfilos.

Estamos viviendo tiempos oscuros, de un autoritarismo irracional, de arbitrariedades, y rechazo a la cultura. Realidades tan tremendas como el silencio y el apoyo mayúsculos.

Josefina Sartora

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