Josefina Sartora
Todavía no sabemos cómo ha podido realizarse un nuevo Bafici, en momentos en que toda actividad cultural -y sobre todo la cinematográfica- está duramente atacada. Nos identificamos con la nota de Luciano Monteagudo en Página 12, “El sospechoso silencio del Bafici”. ¿Cómo se entiende que en la presentación del Festival su Director, Javier Porta Fouz, no haya mencionado el estado de crisis que atraviesa el cine argentino? ¿Cómo es posible que no se proponga discutir en ese ámbito el ataque oficial al INCAA y por ende al cine argentino? ¿Qué cine argentino habrá para proyectar en el próximo Bafici, si este se realizara? Cada día que pasa nos enteramos de un nuevo límite contra el INCAA, un nuevo recorte, desfinanciación, más gente puesta en la calle, medidas que toma un interventor que nada sabe de cine, que ha llegado al Instituto como un liquidador, un hombre de números, y no de arte.
Cada función del Bafici está precedida de una breve entrevista a Bebe Kamin. En una de ellas, habla sobre el futuro del cine argentino, del capital intelectual de gente joven que tiene el país y su optimismo por las nuevas generaciones de cineastas. Palabras que suenan música para nuestros oídos, una música irreal, una esperanza irrealizable dadas las cosas como están. El Festival presenta eso como si nada alterara las ilusiones de Kamin, como si esas esperanzas no hubieran sido ya tronchadas por la motosierra. No olvidemos que el Bafici está organizado por la Ciudad de Buenos Aires, cuyo Gobierno responde a la ideología y decisiones del Gobierno Nacional. El cual está llevando a cabo un ataque sin atenuantes contra la cultura, en un intento de destruir la educación y preparación de sus ciudadanos: la escuela pública, las universidades, las bibliotecas populares, la Biblioteca Nacional, el Fondo de las Artes, el Conicet, el Instituto del Teatro, el INCAA son sólo algunas de las instituciones a las que se les está aplicando la motosierra. Lo más asombroso es que el Presidente anunció que este era su plan, y catorce millones de argentinos eligieron esta política suicida de vaciamiento cultural acompañada de empobrecimiento económico. El panorama es desolador, desde todo punto de vista.
**************
Si bien se hizo, y con esfuerzo, la programación del Bafici en su 25º aniversario no es ni muy atractiva ni prometedora. Muchas óperas primas, muchos directores desconocidos, muchos films de rescate, y la sección Trayectorias, que en otros años nos traía una larga lista de nuevos films de autores consagrados, reducida a su mínima expresión. A ella nos dedicamos, dada nuestra falta de motivación y entusiasmo actual por salir en busca de nuevos descubrimientos.

En esa sección, vimos L’empire de Bruno Dumont, una suerte de parodia de ciencia ficción en donde pone también en acto sus inquietudes morales en la lucha del Bien contra el Mal desde naves extraterrestres. Dumont insiste con sus temas, todos juntos en esta summa fílmica, con un humor que me dejó ajena.
Isabelle Huppert sigue siendo pilar de cuanta película la tenga como estrella. A sus casi 70 años, está presente en dos de los films ya vistos en Trayectorias:

The Traveler’s Needs es la última incursión de Hong Sang Soo en su experimentación sobre las relaciones humanas. En este caso, como en los últimos, su protagonista es una mujer, una francesa que, ocasionalmente en Corea, enseña francés con un método propio, muy original. Ella pregunta a sus alumnas -intérpretes musicales- qué sienten cuando tocan música. Es decir, apela a los sentimientos y las sensaciones, a la emocionalidad de las personas conectándolas con su interioridad. En una tarjeta, ella anota en francés lo que la alumna le dice y le propone memorizar y repetir esas frases tan personales. Hong sigue a su protagonista durante todo un día en su relación con las alumnas y con su compañero de cuarto, indagando en esos vínculos. Si bien no es un gran film, siempre tienen interés las propuestas de Hong, con sus obsesiones: las repeticiones, los paralelismos, las situaciones en espejo. Y Huppert transmite una frescura y naturalidad a su personaje que se destaca del resto del elenco.
Su sabia presencia también levanta la película de André Téchiné, Les gens d’à côté. Nuevamente aquí se abordan las relaciones personales, entre una mujer viuda, policía, y sus nuevos vecinos, con quienes establece un vínculo casi familiar. Este se complicará porque el padre de familia -Nahuel Pérez Biscayart, excelente- es un contestatario que participa en todas las manifestaciones de protesta violentas y enfrenta a la policía.

Me resultó muy conmovedor el retrato de la gran Marilú Marini en Marilú, rencontre avec une femme remarcable, un documental francés dirigido por Sandrine Dumas, actriz que ha trabajado con su retratada. Marilú vive y actúa en teatros de Paris y Buenos Aires, y evoca esas experiencias, así como su paso por el Di Tella, su prisión durante alguna dictadura, sus idas y venidas entre ambos hogares. Es este un retrato íntimo, sentido, que nos conecta cuerpo a cuerpo con la actriz, con su histrionismo, y evoca obras emblemáticas como Los días felices que hizo en el San Martín, sus experimentaciones con Alfredo Arias o su preferencia por las obras de Copi.