Josefina Sartora
Terminó el Bafici, que este año no tuvo el poder de convocatoria de ediciones anteriores, en medio de unos días en que el temor y la incertidumbre fueron el tema recurrente en los pasillos. Aún no hay noticias oficiales sobre lo que sucederá con el cine Gaumont, el INCAA continúa en período de liquidación, la comunidad cinematográfica está en alerta, habrá otra manifestación en estos días. No sabemos qué cine se proyectaría en 2025, si hay otro Bafici, o en el Festival de Mar del Plata, cada vez más silenciado.

L’homme d’argile, premiado en el Bafici, contundente opera prima de Ananïs Tellenne, propone una discusión sobre la obra de arte y sus implicancias sociales. El locus es una mansión (el château) en la zona de Bretaña, cuidado por una mujer y su hijo sexagenario, tuerto, enorme, tosco y algo ermitaño (Raphaël Thiéry). Sin embargo, esta especie de Golem -está citado- ama la música, y toca a solas en la gaita o cornamusa melodías tradicionales celtas. Un tópico cinematográfico: la vida cotidiana y monótona se altera con la llegada del extraño: la propietaria de la finca (Emmanuelle Devos), que llega para recuperarse de una crisis. Entre ella y su casero se establece una relación singular: ella le pide que pose para una escultura que modelará en arcilla. La escultura, la música, entablan una relación espiritual entre ambos. El otro tópico, el mito de Pigmalión, con la metamorfosis que se produce en el modelo, también está presente: Rafael se enamora de su patrona, y ella siente una atracción por su modelo-escultura. Si bien la cercanía es cada vez mayor, y ella lo estimula con su música, generando confianza y autoestima en él, las diferencias sociales persisten, él está a sus órdenes y para ella él es, simplemente, un modelo a utilizar.
Otra película premiada fue El placer es mío, opera prima de Sacha Amaral, que aborda el deambular de un personaje estafador, un falsario que seduce a sus víctimas para aprovecharse de ellas. Un cuadro de la sociedad sin salida a la vista, y una película convencional que paradójicamente compartió premio con La pasión según GH a la cual ya nos hemos referido, un film que se encuentra en las antípodas, que trae ideas innovadoras, experimentales, creativas. Esas decisiones -que no comparto- aparentemente quieren quedar bien con unos y otros, a veces incluso dentro del jurado.

Por último, una película que ganó varios premios fue Corresponsal, de Emiliano Serra, un regreso a los años de la dictadura. Su protagonista es un hombre gris, un fotógrafo y periodista que accede a espiar a quienes vigilan los Servicios. La historia pone en limpio la importancia del periodismo en la defensa y encubrimiento de los crímenes que entonces se cometieron, el apoyo y ayuda de estos secundarios. El régimen necesitaba a estos personajes oscuros para encubrirse y presentar visos de legalidad. Personas que no terminan bien, como es de esperar. El film tiene una cuidada dirección de arte, recreación de época, y un aspecto e iluminación acorde con la historia siniestra que relata. Si el film venía en una dirección con una historia, al final da un salto mortal al culminar con la historia reciente de Paraguay, que tiene matices similares a la argentina, pero nada tiene que ver con la narración de Corresponsal.