Un lugar soleado para gente sombría

Un lugar soleado para gente sombría

Mariana Enriquez

Buenos Aires, marzo 2024

232 páginas

Enriquez vuelve a entregarnos sus inquietudes, sus intereses, y sí, sus pasiones. Pasión por encontrar lo terrorífico que acecha en cada rincón de lo cotidiano, por ver los fantasmas que circulan en cada hogar de familia, en cada espacio aparentemente abandonado. Entrega sus creaciones con la naturalidad de quien escribe una crónica, de quien cuenta una anécdota inocente. Si en Nuestra parte de noche había entrado en lo más profundo del horror, sin atenuantes, en esta entrega de doce cuentos dark apela a la formula clásica: partir de lo cotidiano para que emerja lo sobrenatural. 

El libro está poblado de fantasmas, de turbias formas de lo monstruoso: los fantasmas que acechan en un barrio, esas almas que no terminan de irse, que vuelven a los lugares familiares, donde dejaron su vida carnal, que yacen agazapados en pasillos oscuros, al fondo de los espejos, que emergen de heladeras abandonadas, de la basura, o subsisten escondidos en la ropa de diseño. Pueden ser urbanos o campestres, tomar diversas formas, desde cuerpos tangibles hasta voces en la noche, o corporizarse en niños carenciados. 

Entre los vivos, abundan los irregulares: seres con problemas físicos, malformaciones, problemas mentales, seres que hablan con los objetos, o con los animales, almas hipersensibles, portadoras del don de comunicarse con entidades de otras dimensiones.

Claro, donde hay fantasmas están también sus interlocutores, y sus cazadores. Aquellos que pueden verlos, enfrentarlos, hablarles, calmarlos incluso, y dejarlos ir. Hay quienes tienen relaciones sexuales con ellos, también. Algunos fantasmas son resabios indelebles de la represión en dictadura, y otros pueden convocar multitudes. Pero los fantasmas se albergan también en nosotros.

Valiente, Enriquez se anima a traer fantasmas al siglo XXI. Cultiva un gótico con marcas contemporáneas: edificios siniestros, personajes que circulan entre sombras, voces fantasmales en el teléfono, espectros que existen en lo cotidiano. En sus relatos hay detalles que se repiten: el punto de vista femenino -en once de los doce relatos, y la mayoría en primera persona-, los problemas femeninos, las parejas homosexuales. Su mundo está imbuido por la azul melancolía de las canciones que cita en los agradecimientos, una playlist imperdible. Enriquez es fiel a sus pasiones: en sus relatos, sabe transmutar la oscuridad en una luz peculiar. 

Josefina Sartora

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