Club Cero (Club Zero)
Dirección: Jessica Hausner
Guion: Jessica Hausner y Géraldine Bajard
Austria-Reino Unido-Alemania-Francia-Dinamarca-Qatar/2023

Josefina Sartora
La austríaca Jessica Hausner dedica su cine a denunciar los males contemporáneos. Club Cero es un espacio exclusivo al que aspiran llegar algunos alumnos de una escuela de élite, dirigidos por una profesora de “Alimentación Consciente”, que propone una conducta con muchos beneficios. Los trastornos alimenticios -un problema de la sociedad contemporánea- están tratados aquí en forma de sátira social en la que el humor es escaso, pero filoso, adusto, irónico y agresivo. La música de percusión parece golpear cada escena, cada giro de la acción, que tiene varios.
La profesora (Mia Wasikowska) convence con carisma a un grupo de alumnos con alto nivel de exigencia de que el comer poco, casi nada, o nada, mejora el estado físico y mental y ayuda a salvar el planeta. Una variante de la anorexia (y bulimia, porque cuando son obligados a comer vomitan prestamente) es tratada como una cuestión ideológica, una protesta contra las condiciones de vida consumistas, capitalistas y patriarcales. Los chicos, idealistas, contestatarios, asumen esta misión con un fundamentalismo que remite a otros, hoy vigentes. El ayuno extremo constituye también una forma de superación, de perfeccionismo. Y el grupo cerrado remite a toda forma de secta, con su peligrosa/o gurú. Como en su anterior Little Joe, Hausner se asoma a formas de perfección alternativas. Y peligrosas.
Hausner trata esta cuestión ideológica con una estética formal muy cuidada, exquisita: la elección de los colores y las vestimentas uniformes, la ambientación casi lujosa, las composiciones geométricas, enmarcan una coreografía muy cuidada, donde cada movimiento está perfectamente pautado, casi automatizado. El amarillo siempre presente, junto al morado, se traslada paulatinamente de las ropas a los rostros de los ayunantes. Todo en su tono dramático remite a otro austríaco: Michael Haneke, sin llegar a los extremos de crueldad de éste, pero con su mismo rigor sin concesiones, sin complacencias. Y no falta alguna escena extrema. Una película que nos sacude del lugar cómodo, que cuestiona lo cotidiano y llega a apelar a creencias crísticas, como lo sugiere la última (es)cena.

Con un elenco de orígenes diversos -la directora de la escuela es la danesa Sidse Babett Knudsen (Borgen), una de las madres es la francesa Elsa Zylberstein (¡tantas!), varios alumnos son ingleses, los acentos varían-, filmada en un bello colegio de Oxford, la historia no arraiga en sitio alguno, se pretende universal y ubicua. O mejor dicho: occidental, alegoría oscura de nuestra sociedad contemporánea.