Un silencio

Un silencio (Un silence) 

Dirección: Philippe Lafosse

Guion:  Joachim Lafosse, Chloé Duponchelle, Paul Ismael, Thomas van Zuylen

Bélgica-Luxemburgo-Francia/2023

Josefina Sartora

El belga Joachim Lafosse es un director sutil, medido, tanto como incisivo. Muy morosamente, a cuentagotas, aporta información sobre el drama familiar. El cine europeo adora presentar historias de familia enrevesadas, y lo hace sin apresuramientos, nunca presenta el hecho consumado desde la apertura como lo hace el cine yanqui, sino con pinceladas, sonoridades que de apoco concretan una melodía. Los primeros planos del film toman a la protagonista (Emmanuelle Devos) de espaldas, manejando, y su mirada inquieta, perturbada, se refleja en el espejo retrovisor. Una escena sin palabras, que anuncia el conflicto. La mujer vive en un mundo de apariencias, lucha por mantener su entereza y la estabilidad de una familia que, en verdad, está fracturada. Para ello, ha callado durante casi treinta años. La verdad irá haciéndose ver de a poco.

La película está basada en la historia real de un abogado famoso, que defiende a los padres de dos chicas asesinadas. Este héroe mediático oculta en su pasado un lado oscuro vergonzante, relacionado con la pedofilia y el abuso infantil. Daniel Auteuil porta la máscara social y profesional adecuada para ocultar su verdad, apoyado por su mujer hasta que los propios hijos reclaman justicia. No sabemos las verdaderas razones del silencio de Astrid: busca preservar su familia, o tal vez tema perder esas condiciones de vida burguesa regalada. Pero termina sintiéndose culpable. Devos despliega una de sus mejores performances, llena de matices de una mujer en crisis, al borde del abismo, que debe asumir lo no dicho, enfrentar el conflicto hasta ahora soterrado, a riesgo de perder todo por lo que ha trabajado. Por supuesto, el mal ha enraizado en la familia y conllevará sus consecuencias.

El uso de la luz/oscuridad es muy cuidado: todos parecen vivir en una casa en penumbras, como si hubiera un temor a echar luz sobre la realidad. Junto a esto, el silencio. En los tiempos que vivimos, está rompiéndose un silencio ancestral sobre los temas de violencia intrafamiliar, y abuso sexual, que siempre existieron, y en todas las clases sociales. Este film viene a proponer esto. Hay distintas maneras de representar el silencio ominoso que reina en la familia. No sólo la ausencia de diálogo entre ellos. Los primeros planos de espaldas de los personajes dentro del coche, obsesivos, reiterativos, como si no pudieran ver de frente la realidad. O la falta de contraplano cuando cada uno de ellos dirige su mirada a la computadora, para cerrarla casi en seguida. Otra forma de silencio es el importante fuera de campo, ya que muchos de los hechos ocurren allí. Lafosse confía en la elocuencia de los silencios actorales, el poder de las miradas y expresiones y la actuación de sus notables intérpretes. Tampoco hay aclaraciones cuando el hilo narrativo salta al pasado y vuelve a un presente tan escurridizo como ambiguo. Si la película abre con una imagen de espaldas de Astrid, cierra con ella de frente, encarando la verdad.

El cine de Lafosse se inscribe en la crítica a la sociedad europea -como el de Haneke, Chabrol o Lanthimos-, una sociedad que ve exponer sus flaquezas, su fragilidad, su vulnerabilidad oculta tras los mecanismos de poder. Se le puede objetar a Lafosse que si bien mantiene la cámara muy cerca de sus personajes, sostiene un distanciamiento en el melodrama, cierta falta de pasión. Nunca explicita las razones del comportamiento de sus personajes, ni la motivación de sus sentimientos. Siempre lo sugerido es superior a lo explícito. Este es su estilo, y su manera de hacer cine.   

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