Sin Códigos (Verbrannte Erde)
Dirección y guion: Thomas Arslan
Alemania/2024
Josefina Sartora

Como tantas veces, Sin códigos abre con la presentación del protagonista, y su modus operandi: el ladrón entra en una casa lujosa de noche, se apodera de una colección de relojes de marcas famosas, quiere venderlos y tiene problemas con sus intermediarios.
El ladrón viene de otra película de Thomas Arslan, En la sombra, y sigue siendo muy poco lo que sabemos de él. A manera de un samurai, refina su arte. Porque sí, este thriller sigue el tono y modelo de Jean-Pierre Melville, de film seco, adusto, sin elementos decorativos ni distracciones, de régimen nocturno, con un protagonista lacónico, taciturno, sin vínculos emocionales. El título original puede traducirse como Tierra quemada, ardida, o arrasada (la imaginación de los distribuidores no tiene límites a la hora de inventar títulos).
En este regreso a Berlin (Trojan -Mišel Matičević- es un nómade sin hogar fijo) es contratado para participar del robo en un museo de una pequeña pintura de Kaspar David Friedrich, por encargo de un coleccionista. Pero como con los relojes, el cliente no está dispuesto a pagar por la tarea, y sobreviene un cruce de traiciones sucesivas, donde todos tienen doble faz.
Con pocos diálogos, cuyo sentido será contradicho por la acción, esta es el centro del film, que pasa con agilidad de un auto a otro, de un estacionamiento a un refugio, con bolsos de dinero que pasan de una a otra mano, en un movimiento constante dirigido con maestría.