
La vegetariana
Han Kang
Buenos Aires, Random House, noviembre de 2024
168 páginas
Tuvimos que esperar varios días hasta conseguir los libros de Han Kang, desconocida en Argentina hasta que ganó el Premio Nobel. Algo similar sucedió con la obra de Annie Ernaux en 2022, pero la espera entonces fue de meses. Señal del provincianismo en que vive nuestra literatura, y la poca curiosidad o interés del mundo editorial.
La vegetariana había sido publicado en Corea en 2007, ganó el Premio Brooker Internacional en 2016, y fue llevada al cine en 2009 con dirección de Woo Seong-lim. Pero debimos esperar diecisiete años hasta poder apreciar la excelencia de una escritora única, creativa, tan original como provocadora, en uno de los mejores libros del año.
Yeonghye es una esposa de clase media, no muy agraciada, sin ningún atractivo particular, tampoco ningún defecto, una esposa común y corriente, que responde a lo que se espera de ella socialmente, por eso la ha elegido su marido, y cumple con sus tareas sin una queja. Hasta que una noche decide tirar a la basura toda la abundante comida que tenía en la heladera, y adopta una dieta rigurosamente vegetariana, todo a causa de un sueño de violencia que la había atormentado. Esta actitud extrema de la mujer, que no admite oposición, es vivida como una rebelión intolerable para los hombres, sobre todo para su padre tiránico, que quiere obligarla a comer carne. En realidad, lo suyo es un acto rebelde hacia ciertas reglas normativas patriarcales, consumistas y arbitrarias. Un rechazo a una forma de vida inauténtica, y la toma de conciencia y elección de una vida despojada.
Como lo practica también en La lección de griego, la narración de Han Kang en La vegetariana va cambiando de punto de vista. A manera de tríptico, la peripecia va evolucionando en tres partes: la primera, en la primera persona del marido que asiste a las decisiones de su mujer, que no aprueba ni comprende. La situación se pone más difícil a medida que el cuerpo de ella va modificándose porque apenas prueba bocado, porque los sueños sangrientos continúan, sufre insomnios y va sumiéndose en un estado de indiferencia y dejadez, a menudo con el torso desnudo. Después de la escena fulminante y violenta con el padre, la mujer ingresa en un estado casi catatónico, y en la segunda parte es la reacción de su cuñado la que prima, narrada en tercera persona. Video artista, está obsesionado por la visión de dos cuerpos cubiertos de flores pintadas, en posturas eróticas o teniendo sexo. Cuando se entera de que Yeonghye tiene una mancha de nacimiento en una de sus nalgas, no duda en acudir a ella -ya separada de su marido- y le pide que pose para él. Ella acepta, sin interés, y también sin curiosidad, y empieza una relación artístico-erótica entre ambos, que ella tampoco rechaza. El cuerpo pasa a ser un objeto del que disponer, un trofeo sobre el que ejercer el poder masculino. Y con su cuerpo, también su mente está apresada.
Incisiva, sorprendente, La vegetariana constituye un tratado sobre el cuerpo, sobre el cuerpo rechazado, sobre el cuerpo estético y el body art, puesto que el cuñado pinta el cuerpo de Yeonghye y el suyo para después culminar en el coito, registrado en video, y sobre las consecuencias del destrato del cuerpo. La metamorfosis de la mujer deriva en una psicosis, narrada en la tercera parte, desde el punto de vista de la hermana, quien asume su cuidado.
Cuando se entera del avance de su marido sobre su hermana ausente, su matrimonio termina, y Yeonghye es internada en un hospital psiquiátrico. Se niega a ingerir alimentos, no habla, sumida en un estado taciturno, intenta acercarse a un estado menos humano y más vegetal, con consecuencias en su psique, cada día más ajena a la realidad que la circunda, en su elegido proceso de deshumanización.
La historia es un gesto de resistencia, un grito silencioso contra el autoritarismo, las costumbres arbitrarias de una sociedad patriarcal autoritaria y capitalista, contra un sistema de control y opresión. Escrito con una prosa impecable, un ritmo angustiante, La vegetariana es un libro extraordinario.
Josefina Sartora