Megalopolis

Megalopolis

Dirección y guion: Francis Ford Coppola

Estados Unidos/2024

Josefina Sartora

La megalomanía de Francis Ford Coppola encuentra su espacio largamente soñado en este delirio, una fábula futurista apoyada en la historia de la Roma de los años de la República. Coppola articula la historia de Roma con realidades y mentalidades contemporáneas, y da un paso más hacia el futuro. Hay varios personajes históricos: César, Creso, Catilina, Claudio, etc. Adam Driver es César Catilina, un arquitecto o planificador urbano que sueña con transformar la ciudad en una ambiciosa utopía, y lo hace arrasando todo sin miramientos de historia o clase social. Su antagonista es el alcalde Cicero, interpretado por Giancarlo Esposito, que encarna las fuerzas conservadoras y corruptas. Es la hija de este (Nathalie Emmanuel) quien los relacionará. El guion tiene varios giros y subtramas -no siempre claros ni certeros-, mezcla de géneros, cambios de climas, falta de organicidad, fruto tal vez de los años en que Coppola trabajó en él. Con muchos efectos visuales, se supone que es una película de ciencia ficción, pero atemporal. Todo parece filmado frente a pared verde, con los fondos realizados con computadora, de barrocas imágenes brumosas, irreales, en tonos ámbar, dorados, de los atardeceres, en una reconocible Nueva York donde la tecnología de último grito convive con los detritus.

Se sabe que Coppola deseó realizarla durante décadas; obra maldita, nadie quiso financiarla, y vendió parte de sus viñedos para solventar sus 120 millones. Pretendido ambicioso testamento, apunta sin ambages a la desmesura, y constituye una reflexión sobre el poder, con aires shakespereanos, ecos propios de la poesía clásica –“Quousque tandem abutere Catilina, patientia nostra?”– en que ve su país como una Tercera Roma, con una suerte de optimismo y fe en su propia utopía imperial con tintes fascistas, que no convence a nadie. Lo obvio: Catilina comienza su gestión oscilando sobre un rascacielos, al borde del precipicio, y reitera su juego con el equilibrio.

Es imposible dejar de confrontar esta obra con las grandes creaciones de Coppola, sobre todo Apocalypse Now y la saga de El padrino, y lamentarse por su peor obra.

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