Hasta el fin del mundo

Hasta el fin del mundo (The Dead Don’t Hurt)

Dirección y guion: Viggo Mortensen

Canadá-México-Reino Unido-Estados Unidos/2023

Josefina Sartora

Si el western funcionó en otros tiempos como la épica del nacimiento de una gran nación, estableció los fundamentos sobre los que se construyó la emigración, el asentamiento de una sociedad en tierras inhóspitas, con la llegada de la ley y el orden, el nuevo western parece abocado a denunciar el dark side de esta epopeya. Viggo Mortensen -inquieto actor, artista plástico, director y compositor de la banda sonora de este film- ambienta su historia en el far West, el lejano oeste de Estados Unidos (en verdad, rodada en México) donde va a parar una nueva pareja de extranjeros, encarnada por el mismo director y Vicky Krieps. Sigo con interés a esta actriz luxemburguesa que elige muy bien sus roles, generalmente fuertes y comprometidos con la sociedad (Abrázame fuerte, Corsage, El hilo fantasma, Gutland, Plus que jamais, etc).

La historia no sigue un orden lineal, salta del casi presente al pasado, anticipando la intriga.  El más viejo pasado de la mujer, una niña canadiense francesa, combativa, que tiene como modelo a Juana de Arco, pasado al que retornará varias veces, con realismo y fantasía, y que la forja independiente y decidida.

Estalla la Guerra Civil y el hombre decide enrolarse, comprometerse con su país de adopción, dejando a la mujer sola, en un paraje desolado, tierra de nadie donde impera la ley de la fuerza y el poder, donde soportará el acoso del hijo del corrupto hombre rico del pueblo. Mientras él combate en el frente, ella deberá librar sus batallas personales, casi indefensa, armada sólo con su propia fortaleza. El maltrato a la mujer, las injusticias que parecen no tener límite, lo peor de esa sociedad no tarda en imponerse. En un agudo maniqueísmo, los villanos no solo son muy malos, sino que además Solly McLeod y Garret Dillahunt y no actúan bien. El regreso del guerrero y la recomposición familiar es el mejor tramo del film. Ambos actores juegan una interpretación admirable, él como héroe del western clásico, ella como auténtica, contenida heroína.

Obviamente, hay un trasfondo político sobre el estado de la Unión de hoy, con los conflictos de clase y género, solo recuperables por la fuerza femenina y el amor de un padre. Dice el título original que Los muertos no tienen dolor, y sin embargo. Si el film comienza con una muerte, finaliza con la llegada al mar, “el fin del mundo” -de ese mundo-, y comienzo de otra vida.

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