Maria

Maria

Dirección: Pablo Larraín

Guion: Stephen Knight

Italia-Alemania-Chile-Estados Unidos/2024

Josefina Sartora

Maria Callas es figura icónica por excelencia, emblema de la prima donna del siglo XX, única. Esta es la faceta que expone Pablo Larraín en su película, que imagina su último tiempo basándose en los hechos reales. Su figura como la suprema soprano de la ópera, dueña de una voz de gran amplitud variedad de registros, un timbre sonoro maravilloso, ha generado varios films, que indagan en su vida íntima. Maria por Callas, de Tom Wolf, es quizá el más interesante, porque está realizado en base a declaraciones de la propia Maria, testimonios directos, y filmaciones en escena de sus arias más célebres. También están allí Maria Callas vida y arte de Alan Lewens y Alastair Mitchell, Callas assoluta de Philippe Kohli y Maria Callas, Living and Dying for Art and Love, de Steve Cole. Todos ellos documentales, y después de la mediocre ficción de Franco Zefirelli, Callas Forever, Larraín se anima a ficcionalizar también sus últimos tiempos, tal vez los más intrigantes. El tratamiento de Larraín busca acercarse a la tragedia griega, presentando el final de la diva quien toma conciencia de la pérdida de su poderosa voz, asume con valentía que no volverá a cantar y lucha con su depresión, sostenida por los psicofármacos a los que es adicta. Es esta una suerte de tercer cuadro de un tríptico que Larraín ha realizado sobre mujeres célebres contemporáneas: Jackie, sobre Jacqueline Kennedy, y Spencer, sobre la princesa Diana de Inglaterra. Personajes únicos, que pasaron a ser modelos para una generación de mujeres en el mundo.

De manera similar a sus otras dos biografías, Larraín explora sin tapujos el lado oscuro de esta mujer, sus visiones, pesadillas, debilidades, algunas derivadas de su adicción. Maria está presentada como víctima, sin atenuantes, tanto de sus representantes profesionales como de sus amores contrariados, sin que el film explore en la misma medida su lado grandioso, que la convirtiera en diva. Maria aparece como una suerte de víctima del poder masculino, lejos de sus días de gloria, de su amada Scala, cuando era l amejor soprano del mundo. Angelina Jolie está a la altura de su personaje, brinda una de sus mejores performances, muy cercana a la figura real, al transmitir el aura trágica de la soprano en decadencia. Y con enorme presencia, como Callas en su hora. Jolie sabe encarnar la coquetería, cuando Callas acude a lugares públicos en busca de reconocimiento y aclamación, así como la desesperación cuando constata  que su voz ya no es la que era, y se hunde en la depresión y autodestrucción. Su performance es mejor en las escenas dramáticas y no tanto en las cantadas, aunque la actriz estudió canto para jugar este rol; su voz hace un mix con la de Callas que no siempre convence. Pero Jolie está más interesada en mostrar la mujer que la cantante. La narración no mantiene una pareja tensión dramática, con altibajos y lagunas en su recorrido. La puesta en escena, la fotografía sacan lo mejor de las locaciones en su célebre departamento de la Avenida Georges Mandel en Paris, suerte de  jaula de cristal donde, recluida y atendida por sus fieles Ferruccio (Pierfrancesco Favino) y Bruna (Alba Rohrwacher), Maria enfrentaba a sus demonios interiores.

Callas había sido advertida que la medicación podía afectar su corazón,  y sin embargo recurre a ella en todo momento, de manera abusiva. Asombra comprobar que murió con solo 54 años en 1977, en una forma de suicidio.

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