La semilla del fruto sagrado (Dane-ye anjir-e ma’abed)
Dirección y guion: Mohammad Rasoulof
Francia-Alemania/2024
Josefina Sartora

Pocas veces un film ha presentado la realidad de un país de manera flagrante, un microcosmos que refleja lo macro, como en La semilla de la higuera sagrada. La situación social y política estalló en Irán -tras otras oportunidades- en 2022, cuando una mujer fue asesinada a golpes por la policía por llevar mal el velo o hiyad. Las calles se llenaron de manifestantes -mujeres, jóvenes- duramente reprimidos. Esa situación social se ve reflejada en el seno de una familia de clase media acomodada, cuyo jefe (Missagh Zareh) ha ascendido en la carrera judicial en su camino a ser juez. El hombre se siente acosado porque lo obligan a firmar sentencias de muerte sin pruebas de culpa, pero sostiene el sistema y el régimen. La madre (Soheila Golestani) vigila celosamente que sus hijas no participen en las protestas estudiantiles contra la teocracia, y cuida la reputación de su marido, pero ellas se rebelan.
Filmada de manera clandestina por Mohammad Rasoulof, quien pasó la prisión y no ha regresado a su país desde que su film fuera premiado en Cannes, el film oscila entre las escenas en el interior del departamento, las discusiones entre padres e hijas, y lo que se ve desde la ventana: escenas reales difundidas en las redes sociales de revuelta de jóvenes y represión policial. Hasta aquí, el drama se ha mantenido en el áÉlmbito del hogar, donde ya se han planteado las diferencias generacionales sobre la manera de entender la realidad de su país. El hombre ha intentado -y su mujer en menor medida- de conservar el status quo imperante hasta entonces. Él no comprende la conducta de sus hijas. Pero cuando la situación alcanza su máxima tensión, su paranoia se desata sin tapujos, y se lleva su familia al desierto. Las traslada a un pueblo alucinante, abandonado, en las áridas montañas de arena, y allí las somete. Este paso de lo cerrado a lo abierto, de la ciudad moderna a la montaña primigenia desata el enfrentamiento más abierto, la violencia física, en un final con mucha carga simbólica.

Muy tremendo este film premiado y candidato al Oscar, sobre la situación en Irán el status de la mujer, pero también sobre la ambición burocrática, el peso de la familia, la desconfianza, temas por momentos demasiado literales. Las excelentes dos actrices en el rol de hijas –Setareh Maleki y Mahsa Rostami- hoy están exiliadas, y la brillante Golestani -abierta opositora al uso del hiyab- enfrenta un juicio en Teherán, como todo el equipo de filmación.
El prólogo reza así: “La higuera sagrada es un árbol con un ciclo de vida poco común. Sus semillas, llevadas por los pájaros, caen en otros árboles. Desarrollan raíces aéreas que llegan al suelo. Después, sus ramas envuelven al árbol huésped y lo estrangulan. Finalmente, la higuera sagrada se sostiene a sí misma.”