Semana del cine italiano

Semana del Cine Italiano

Josefina Sartora

Como todos los años, la Semana del Cine Italiano muestra lo mejor de sus últimas producciones, con mucho a descubrir. Es una lástima que la hayan programado en simultáneo con el Bafici, que también es una ventana a un cine diferente, no siempre estrenado comercialmente.

Este año hay mucho para ver: Gloria!, de la directora y música Margherita Vicario, se construye como un homenaje a las orquestas femeninas que, en los siglos XIX y XX, se formaron en distintos orfanatos de Italia, donde las autoridades vieron un filón en los talentos de esas jóvenes encerradas en su catacumbas. En la zona de lagunas venecianas, a principios de 1800 un grupo de músicas ve la oportunidad de salir en libertad de esos muros opresivos, en un acto de creación artística, desafiando los cánones eclesiásticos y musicales. Vicario filma con alta sensibilidad femenina, sin pancartas ni panfletos, con excelente fotografía y creación de época, y mensajes sobre la condición femenina en esas sociedades: la violación, el voto de silencio, el desconocimiento, la sumisión. Aunque el mensaje del film es contundente, la elaboración de los personajes es algo superficial, si bien seductora.

Another End es un melodrama de ciencia ficción de Piero Messina que aunque interesa, no está a la altura de otras realizaciones del turco-italiano Ferzan Oztepek. En una sociedad donde a los sobrevivientes se les permite seguir conectados por un corto tiempo para despedirse de sus seres queridos que han muerto súbitamente, un hombre (Gabriel García Bernal) se introduce en esos laberintos fantásticos para seguir comunicado con su esposa muerta, con la ayuda de su hermana (Bérénice Bejo). A la manera de Black Mirror. Se entabla así una incierta relación del viudo con la que da su cuerpo para recuperar la memoria de su esposa fallecida. En ambientes oscuros, en una fotografía de grises de un futuro siniestro y frío, se desarrolla este film algo obtuso, sobre el amor más allá de la muerte, la posibilidad del duelo, y abre preguntas sobre las posibilidades de la tecnología e hipótesis de futuro.

Lo mejor que he visto de esta semana de preestrenos es Vermiglio, un melodrama rural ambientado en la zona del Trentino, al noreste de Italia, precisamente en el pueblo de Vermiglio, al fin de la Segunda Guerra. En el seno de la familia del maestro del lugar, llegan dos desertores: un joven de la zona y un amigo, oriundo de Sicilia. El maestro (Tommaso Ragno),  la mente intelectual del pueblo, es un semental, que a pesar de su edad no deja de concebir hijos. Su hija mayor (Martina Scrinzi) se enamora del siciliano, se casa embarazada pero al finalizar la guerra él debe volver a su pueblo a ver a sus padres. El tiempo pasa, y no hay noticias. Las otras dos hijas representas dos tipos: la sensual, algo transgresora, y la menor, inteligente y estudiosa, que pronto irá a la ciudad a estudiar. Ganadora del Gran Premio del Jurado en Venecia, la película constituye un fresco de época y de la región, y también de la estratificación social y de género, descrito con exquisita sensibilidad y una fotografía estupenda. Evocadora del mejor cine italiano que ha sabido representar a sus campesinos.

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