La venganza (Vogter)
Dirección: Gustav Möller,
Guion: Gustav Möller y Emil Nygaard Albertsen
Dinamarca/2024

Josefina Sartora
Uno de los valores que me hacen amar un film es su economía, su sutileza para ponernos en acto, la confianza en que el espectador sabrá darle sentido y significado a las imágenes. El director sueco-danés Gustav Möller ya demostró en su notable opera prima La culpa que esto es lo suyo, en aquel film casi únicamente centrado en un protagonista, en una sola unidad de lugar, con un diálogo y un rostro que expresaba todo un drama.
En La venganza (en verdad, su título Vogter significa guardián) confirma su estilo. Rodada casi íntegramente en una prisión, no se trata de un drama carcelario más. El Vogter de este caso es una mujer, cuidadosa, responsable, que educa a sus presos, los hace meditar, pero cuando entra un nuevo recluso se altera, y pide ser transferida a la sección de máxima seguridad, para prisioneros peligrosos. No hay mucha información, pero en seguida comprendemos que hay una deuda pendiente del pasado, y que ella se la cobrará. Aunque cuesta aceptar que nadie tenga conocimiento sobre sus acciones presentes y pasadas, en una prisión tan controlada. El título cambiado no ayuda a mantener el suspenso, pero incluso así, el film cobra una tensión dramática que va en aumento.
La actriz danesa Sidse Babet Knudsen demostró en Borgen, serie donde encarnaba a la Primera Ministra de su país, su excelencia para interpretar a estos funcionarios de rectitud moral, aquejados por sus propias dudas y contradicciones. Su personaje encarna una cuestión moral y ética. Su rostro da el tono justo para expresar su resentimiento, y nunca nos apartamos de su punto de vista. Y Sebastian Bull calza perfectamente como el hombre cargado de violencia que puede tener sus montos de placidez, pero también estallar muy fácilmente. El encierro provoca estas explosiones de ira en los reclusos, que suelen pasar largas horas en la inoperancia. En cierto modo, el film cuestiona el sistema carcelario, que lejos de solucionar las cosas, con su opresión y sus tratos violentos puede agravarlas.
En el cine de Möller los espacios son símbolos de la subjetividad de sus personajes. Las imágenes de esos corredores fríos, claustrofóbicos, desangelados, reflejan en cierta medida la psiquis de la mujer, la opresión que también ella sufre. El bien y el mal no tienen lugares fijos: cuando los juegos de poder se descontrolan, cuando los roles de víctima-victimario se alteran, todo el orden queda subvertido.