La mujer de la fila
Dirección: Benjamín Ávila
Guion: Marcelo Müller y Benjamín Ávila
Argentina-España/2025
La llegada del hijo
Dirección y guion: Cecilia Atán y Valeria Pivato
Argentina-España/2024
Josefina Sartora
Abordamos dos películas que se estrenan en estos días, porque ambas elaboran el tema madre-hijo, con similitudes y diferencias, y con distintos tratamientos.

En La mujer de la fila, Natalia Oreiro interpreta a una madre viuda de clase media, ingenua, que se sorprende cuando la policía irrumpe en su casa buscando a su hijo por ladrón. La mujer se niega a creer que su hijo sea culpable y atraviesa las etapas de toda situación límite. Tras el rechazo y la reacción airada, vivirá un descenso a los infiernos a través de diversos círculos: se desvive por él yendo a verlo a la cárcel, y allí debe adaptarse y acostumbrarse a las reglas de ese ámbito, que empiezan por respetar la larga fila de mujeres que van a diario a visitar a sus presos. Y seguirán otras pruebas. Siempre al borde de la ingenuidad, trata de que su abogado o sus secuaces lo salven, cuando en realidad el chico tiene todo su caso controlado. Tema fundamental de la historia es el aspecto social: qué mostrar y ocultar en su medio por un lado, y por otro, cómo es su inserción en ese grupo social de mujeres de la fila. La película no se centra en el aspecto carcelario, en la odisea que debe vivir el chico, sino en la iniciación de la madre. Algunas subtramas debilitan la potente historia central.

En La llegada del hijo, Maricel Alvarez es otra madre va a buscar a su hijo (Angelo Mutti Spinetta) a la cárcel, donde ha pagado por la muerte de su profesora de natación. Entre madre e hijo casi no hay diálogo, el film es un exponente del minimalismo, de cómo transmitir todo un mundo emocional que atraviesan los personajes, casi sin palabras. La culpa no asumida, el reproche callado, la soledad. En ambos casos, las madres cuentan con la ayuda de sus propias madres, las abuelas: Lide Uranga en el primero y Cristina Banegas en el segundo
Estamos frente a dos cines diferentes, con dos de nuestras mejores actrices. El de Benjamín Ávila más convencional y testimonial, para el gran público y el aplauso solidario, está filmado sobre una historia real de una mujer que hoy aboga por el tratamiento en las cárceles, en la Asociación civil de Familiares de Detenidos, con actrices no profesionales (las auténticas mujeres de la fila). Oreiro había interpretado mujeres reales en dos films anteriores: Eva y Gilda. Aquí también encarna a una mujer real, pero menos conocida.
El de Atán y Pivato, también directoras de La novia del desierto, es más críptico, minimalista, también basado en hechos reales, experimenta con la expresión valiéndose de escasos recursos, largos silencios, bajo una lluvia permanente que envuelve la acción y el mundo emocional. Es notable el valor que el fotógrafo Sergio Armstrong saca de los espacios del Cementerio de Chacarita de Buenos Aires, un lugar de soledad y melancolía poco aprovechado por el cine. Fue premiada en el Festival de Mar del Plata.
Las dos obras, elaboradas desde el punto de vista de las madres -con la figura del padre ausente-, trabajan sobre el amor maternal, su alcance y condiciones, sus límites, el duelo, la aceptación y el perdón. Mientras una indaga más en el cuerpo social y colectivo, la segunda se centra en el drama personal, que deviene arquetípico.