Miroirs Nº 3
Dirección y guion: Christian Petzold
Alemania/2025
Josefina Sartora

Christian Petzold se ha reducido aquí a lo esencial, sin ser por eso minimalista: cuatro personajes, pocas locaciones, tiempo limitado. Simplicidad para contar una historia que puede resultar arquetípica. Ha dejado de lado en este caso las historias épicas o gandilocuentes, no se refiere a la historia de Alemania como en Ave Fénix, Barbara o Seguridad interior, tampoco hay apelaciones a historias míticas, como en Undine, sino que se centra en un drama personal y familiar, que toca a todos los personajes, y no solo de Alemania.
Siempre interesado en las relaciones humanas que atraviesan situaciones muy peculiares, extremas, Petzold expone los hechos desde el principio: un accidente, la víctima pide asilo a una mujer que vive sola junto a la ruta. Esa relación irá transformándose con el tiempo; no se dice, pero se sugiere desde el principio: la chica viene a reemplazar a una hija muerta.
Paula Beer, actriz fetiche de las últimas películas de Petzold desde Transit, sucesora de Nina Hoss, y tan grande como ella. Tanto Beer como la actriz mayor, Barbara Auer, sostienen una expresión contenida, a veces hundida en un mutismo introvertido. Ambas parecen abrumadas por un dolor callado, y entre ellas se establece una relación interdependiente. Como el accidente fuera de campo, allí también quedan sus oscuros pasados, obviamente dolorosos. Ahora viven un presente luminoso, acentuado por la fotografía de Hans Fromm.

Eximio creador de atmósferas, Petzold y sus actores logran instalar un clima de tensión, de historia no dicha pero sugerida, siempre enigmático. Los personajes son tan austeros como el mismo Petzold: la información que brindan es escasa, pero podemos imaginar lo que hay detrás de esa mujer, lo que callan su marido y su hijo distantes. En las películas de Petzold siempre hay un secreto, una mentira, algo oculto o tergiversado, identidades cambiadas u ocultas, secretos implícitos, como en Yella, Wolfsburg, Toter Mann o Transit. Eso torna el film en algo ríspido, inquietante, crea una dinámica tensa, un suspenso, se está esperando que la verdad asome y haya derivaciones imprevisibles. Esto va de la mano con su otro tema: los dobles, los pliegues, las identidades intercambiadas, los espejos. El título alude a esta relación, además de referirse a la obra de Maurice Ravel, Espejos Nº 3, Una barca sobre el Océano, pieza que la joven ejecuta al piano. Petzold deja que la música exprese mucho de lo que las palabras no dicen.
Continúa el trabajo con los elementos: si en Cielo rojo era el fuego, y en Undine el agua, en Miroirs Nº 3 se impone el aire, que permite recobrarse, no hundirse, fugar hacia otros horizontes.
El film se exhibe en el Festival de Cine alemán y tendrá próximo estreno.