Viennale 2025. 3 Más políticas urgentes
Josefina Sartora

Tales of a Wounded Land. Abbas Fahdel, Líbano/2025
Este fue un día muy particular. Amanecí con el resultado de las elecciones, en las que el pueblo argentino se disparó en el pie, en un suicidio colectivo inconcebible e inaceptable. Después, el documental de Abbas Fahdel sobre la destrucción que Israel operó en el sur del Líbano en 2024: Tales of a Wounded Land. Imágenes impactantes, terroríficas, sobre una ciudad destruida totalmente, reducida a escombros. Comienza el film con un cortejo fúnebre, la imagen aérea de una larguísima procesión de gente portando ataúdes a través de las ruinas. Muchos ataúdes.
Sigue un flashback al comienzo de la guerra, quince meses antes, cuando su esposa y su hija se preparan para dejar esa ciudad, mientras los altoparlantes urgen a la población a evacuarla y las bombas caen indiscriminadamente, derribando edificios. Fahdel filmó esa destrucción despiadada.
Regreso al momento del cese del fuego. La familia regresa a la ciudad para confrontar con el desastre, visita vecinos, busca lugares conocidos que hoy cuesta encontrar o reconocer, dialoga con los sobrevivientes. “Gracias a Dios está usted vivo” es la frase que repite la mujer una y otra vez. La respuesta es unánime: no lograrán eliminarlos, reconstruirán su vida, sus casas, sus parques, y tampoco lograrán eliminar su historia y su memoria. “Ellos” nunca son identificados, mi nombrados. Pero sabemos que son los israelíes que hoy destruyen Gaza. Y destruyen el sur del Líbano porque supone que allí puede refugiarse el enemigo.
Un film contundente, impactante, en primera persona -su mujer Nour Balluk es la productora- que focaliza en su hija de cinco años, el futuro árabe, la resiliencia, la esperanza por una vida que continúa. Fahdel culmina con esta una obra valiosa que ha documentado la realidad libanesa antes y después de la destrucción.

A continuación vi Ken (Yes) de Navad Lapid, Francia-Israel-Alemania/2025.
Había que tener estómago para presenciar un cuadro de situación en la sociedad israelí, un mundo donde reina la banalidad de fiestas, funcionarios altivos, un mundo aparte que no parece tomar conciencia de la tragedia que han ocasionado. Una pareja de músicos en su cotidianeidad más frívola, pendientes de contratos y actuaciones, del comercio sexual y con una difícil relación personal. En un momento, él sale de Tel Aviv y se acerca a los territorios que están bombardeando a lo lejos, sin cesar. Obviamente el film pretende ser una crítica satírica, pero ¿cómo se vive con eso? ¿Hay lugar para el arte en una situación extrema? Para colmo, él es un payaso profesional, pavada de símbolo. Fugazmente, vemos una obra de Georg Grosz, quien también hizo una crítica mordaz a la República de Weimar pre Hitler. Todo culmina con un himno fascista encargado por un ruso, ni más ni menos. Sutilezas, ausentes.