Viennale 2025. 4

Viennale 2025. 4

Josefina Sartora

Terminó la Viennale por todo lo alto. Un festival impecable, donde todo funciona como se debe: la programación de primera, con una selección de  lo mejor de los últimos grandes festivales, la organización con licencia germánica, donde todo se desarrollaba según lo programado. Funciones colmadas, más que en ocasiones anteriores: la Viennale ha arraigado fuerte en la población de Viena, no hay turistas, ni marcados observadores extranjeros como yo, quien era una rara avis.

La Viennale no es un Festival de premios, aunque los hay: los sponsors (el Erste Bank, el diario Standard, la ciudad de Viena) premiaron películas austríacas: Perla, de Alexandra Maraková, y Girls and Gods, de Arash T. Riahi y Verena Soltiz. El premio Fipresci fue para BLKNWS: Terms and Conditions, de Kahlil Joseph.

El cierre del Festival fue con What does Nature Say to You, película de Hong Sang-soo que vuelve sobre sus temas habituales sobre la naturaleza humana y algo más: además de sus habituales planos fijos de conversaciones alrededor de abundante bebida y comida, se exponen las relaciones familiares, y sobre todo, la relación entre arte y vida, y la independencia del artista ante las condiciones económicas.

Hubo presencia de figuras rutilantes, como Juliette Binoche y William Dafoe. Este actuaba en dos películas: vi The Souffleur, de nuestro compatriota Gastón Solnicki. Gastón es un viejo habitué de la Viennale, desde la época en que lo dirigía Hans Hurch. En esta ocasión, por tercera vez filma en Viena, y específicamente dentro del Hotel Intercontinental, sede social de la Viennale. En la ficción, Defoe es el manager del hotel, que va a ser vendido y probablemente demolido, y con él como alter ego, Solnicki construye una sátira sobre el pasado que se rinde ante poderes imponentes.

Hubo otras perlas: Pietro Marcello presentó Duse, recreación de la última época de Eleonora Duse, la más grande actriz de teatro italiana, cuando ya mayor y enferma, decide volver a los escenarios. Mussolini le da su apoyo económico a cambio del político, a lo cual ella habrá de negarse. Valeria Bruni Tedeschi compone una Duse de maravilla, que se encuentra en conflicto entre el arte y la política, centro del film. Pero el arte es todo para ella: “es mi veneno pero también mi oxígeno” dice presa de la fase terminal de una tuberculosis. Como trasfondo, la competencia entre Mussolini y Gabrielle D’Annunzio. Duse da la vida por su arte, en una excelente performance de Bruni Tedeschi.

Vi mucho cine: uno de los film que más me interesaron es Sentimental Value, de Joachim Trier, Gran Premio de Cannes, de quien habíamos disfrutado The Worst Person in the World. Es este un film que, como otros, aborda el tema de la creación artística: padre director de cine (Stellan Skarsgärd), hija actriz (Renate Reinsve nuevamente). Entre ambos se establece un conflicto de difícil solución, cuando muere la madre. La otra hija funciona como suerte de pivote entre ambos. Con mucho de la tradición nórdica, Bergman incluido,  con otro tanto de Chejov, con una impronta teatral, se trata de la interrelación entre vida privada y cine, y de cómo el arte puede funcionar como catalizador de los traumas familiares.

Una de las más bellas películas que vi es Cartas a mis padres muertos, del maestro chileno del documental, Ignacio Agüero.  ¿Qué decir de un film que apela a los padres muertos para hablar de la realidad, del presente, del pasado reciente de la historia de Chile, de los pájaros que se bañan en su patio, de las flores que allí crecen? No hay cartas, y los muertos son los de la represión, que evoca Agüero. Los asesinados, la industria destruida, el exilio, son los temas de siempre. Pero además el film propone cuestiones estéticas: ¿tienen los films un propósito? ¿Un fin? ¿Terminan con la palabra fin o van más allá? Vivaz, profunda e inteligente obra maestra.

Uno de los focos de la Viennale es sus retrospectivas, siempre sobre directores de nota. Me perdí la de Digna Sinke, presentada antes de mi llegada. La más importante fue la de Jean Epstein, que cubrió muchos de sus films: La Caída de la Casa Usher, Finis Terrae, El león de los mongoles y otras. Un cineasta que anticipó la vanguardia con un cine lírico apasionante, maestro del primer plano y del montaje, que sentó algunas bases para la cinematografía que habría de venir. Cada función estuvo acompañada por música en vivo de distintos intérpretes internacionales. Un lujo, como todo en la Viennale.

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