Una casa de dinamita

Una casa de dinamita (A House of Dynamite)

Dirección: Kathryn Bigelow

Guion: Noah Oppenheim

Estados Unidos/2025

Josefina Sartora

Kathryn Bigelow es hoy una de las más grandes directoras yanquis, junto a Kelly Reichardt.

Pero puede ser también una dura crítica de las políticas de su país. Sus películas Zona de miedo, Detroit, La noche más oscura, siempre de acción, de cuestionamientos, se continúan en Una casa de dinamita, thriller político que abre interrogantes sobre el presente, y el futuro. Si sus films anteriores traían a la luz hechos dramáticos del pasado reciente, su última obra es un tour de force sobre una amenaza siempre pendiente, y muy posible: el disparo de un misil fatal sobre los Estados Unidos.

El film se introduce en la intimidad de las instituciones que tienen a su cargo enfrentar una catástrofe: ante la noticia de que un misil de procedencia desconocida hará impacto en 20 minutos sobre Chicago, una de las ciudades más populosas del país, todos los mecanismos de defensa entran en acción. Para que ninguno funcione.

Lo particular del film radica en su estructura: segmentado en tres capítulos, cada uno de ellos registra cómo se absorbe la noticia en tres distintos ámbitos del gobierno, durante el mismo periodo de tiempo, con el remanido recurso del reloj que va contando los segundos hasta que el misil haga impacto. La Sala de Situación en la Casa Blanca, donde absorben la noticia y comprueban que no pudieron detener el misil. El asombro del Secretario de Seguridad (Jared Harris), tan ridículo como Patricia Bullrich: “¿En esto gastamos 50.000 millones de dólares?” Y por fin, la reacción del Presidente (negro, Idris Elba).

El drama es lo que ha de seguir: ¿cómo se reacciona ante un ataque masivo como este? ¿Qué respuesta dar? Nadie está a la altura de semejante tragedia, nadie sabe qué medidas  tomar, y esa es la  propuesta del film: la mecánica del poder discurre por canales insospechados… ¿Vivimos una cadena de batallas sin sentido ni fin? No es casual que la experta en asuntos con Corea del Norte esté participando de una evocación de la Guerra Civil, un ridículo revival nacionalista, que  proclama que el país se fundó con las armas. Para colmo, tampoco queda claro qué país es el agresor, Rusia lo niega, ¿entonces? ¿Contra quién declarar la guerra? Nadie parece saberlo. La directora tampoco.

Bigelow conoce muy bien la psicología masculina, y específicamente la de los hombres en guerra. A medida que avanza la acción, sus personajes no hacen más que mostrar su completa vulnerabilidad, su desorientación, sus dudas ante las grandes decisiones que nadie tiene la capacidad de tomar, el caos que impera en el que se supone el país más poderoso del mundo. El otro detalle patético: el Presidente se mueve con su sombra, un marino que porta un protocolo con las medidas a tomar en caso de emergencia. “Parece un menú”, dice el Presidente incapaz de elegir el plato, paralizado ante el peligro. Ellos luchan con sus emociones, pero ninguno parece preparado para afrontar el momento.

El film evoca -en solemnidad- la genial sátira de Stanley Kubrick, Doctor Insólito (Dr Strangelove) de 1964, que ponía en peligro de guerra nuclear a las dos potencias de otrora, donde todos los altos mandos estaban ridiculizados y que contaba con el histrionismo de Peter Sellers.

Distinta de sus films anteriores, la directora demuestra que sabe hacer cine de acción sin presentar los actos de violencia física en la pantalla. Y creo que ese es su mayor logro.

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