John Banville, Eclipse, 2000

Tal vez la más melancólica de todas las novelas de John Banville -y es decir mucho- Eclipse es una larga meditación con reflexiones y recuerdos de Alexander Cleave, un actor prestigioso que, en medio de una obra, ha quedado sin palabras. Después de esa crisis, se refugia en la vieja casa materna, pese a la oposición de su esposa.
Como siempre en Banville, la peripecia no es lo importante, la acción es mínima, el diálogo, escaso: el acento está en los climas, las atmósferas. Como en El mar -novela con la cual ganó en el Booker Price-, las reflexiones discurren en distintos momentos de su historia: el pasado como actor, su amorosa relación con su hija Cass, una muchacha con problemas mentales que sufre crisis en las cuales oye voces que la acosan, su niñez con la madre en esa casa de huéspedes, y el presente. Como otros protagonistas de Banville, Alex es egocéntrico, está tan sumido en sí mismo y en sus elucubraciones que es capaz de ver fantasmas en su casa, pero no percibe que hay gente real, intrusos que la ocupan además de él. Los recuerdos, las descripciones, con metáforas e imágenes sensoriales constituyen todo un fresco narrativo-descriptivo en un ejercicio de estilo magistral. Su virtuosismo lo lleva hacia la abstracción, que se diluye en un final anecdótico, intenso y anticlimático, que llevará a Imposturas y Antigua luz, otras dos novelas que forman conjunto -por no decir trilogía- y complementan la historia de Alexander y su hija.
Hay motivos recurrentes en a prosa de Banville, que ya hemos mencionado en las reseñas de El libro de las pruebas y Las singularidades: la obsesión por los olores de cada lugar y persona -el olor del verano, del mar, de la comida recocida, o el olor de la tristeza misma. Otros: los juegos que produce la luz, la memoria de los sueños, el regreso a la casa materna, suerte de refugio en la inclemencia, y regreso al pasado, las relaciones conyugales conflictivas, al igual que la paternidad distante. Y en lo estilístico, además de sus admirables descripciones, las abundantes comparaciones: nada es de una sola manera, siempre hay algo con que homologarla: la luz del sol venía a través de los árboles como un cálido humo dorado.
Leída en inglés, tres veces, estamos ante el vocabulario más rico que me ha sido encontrar, y un ritmo de escritura notable.
Josefina Sartora