Festival de Cine Francés

Festival de Cine Francés

Josefina Sartora

El Festival de Cine Francés, que tiene lugar cada año en Cinépolis Recoleta con el auspicio de la Embajada de Francia, es -como la Semana de las Avant Premières- la oportunidad para ver en preestreno, y en algunos casos, por única vez, los nuevos títulos del cine francés, algunos presentados en el último Festival de Cannes.

Este año ya hemos podido ver algunos excelentes:

El caso 137 (Sossier137), de Dominik Moll, es un thriller político durante los hechos que sucedieron cuando la revuelta de los Chalecos Amarillos en París, en 2018. En protesta por injusticias sociales, por mejoras en servicios y salarios, multitudes de manifestantes ganaron las calles en ese momento, desataron el caos y se enfrentaron a la furiosa represión de la policía. Stéphanie (la luminosa Léa Drucker, de El último verano y Los colores del incendio) es una oficial del cuerpo de Asuntos Internos, que investiga abusos y acciones ilegales cometidos por sus colegas. Puntualmente, el caso de un joven que fue brutalmente herido en la cabeza por los policías durante una desconcentración. La mujer trata de ajustar cuentas cuando sabe que la víctima es de su mismo pueblo, lo cual la expone a ser apercibida por falta de objetividad. Por otro lado, su ex esposo policía y algunos colegas no aprueban una actitud que pone en duda y hasta condena la conducta del cuerpo. La investigadora se encuentra en una encrucijada de difícil resolución.

Dominik Moll tiene sobrada experiencia en estas historias de violencia y misterio, como ha expuesto en La noche del 12, Las bestias o Lemming, con un manejo del timing y el ritmo que fluye orgánicamente. Nuevas pruebas intensifican la búsqueda, que tiene sus peligros. La película deja un gusto amargo, mostrando los errores de la democracia, las heridas de la República, similares en todos los países.

Stéphane Demoustierdirige L’inconnue de la Grande Arche, una película histórica, sobre la construcción del Arco de la Defensa en Paris. El arquitecto danés Otto von Spreckelsen fue el ganador del concurso que convocó François Mitterrand en 1983 para construir un monumento en la zona financiera al Oeste de Paris donde termina el Camino Real, que recorre los Campos Elíseos desde el Louvre y atraviesa el Arco de Triunfo. La obra debía terminarse en 1989, para celebrar el Bicentenario de la Revolución Francesa. Cuando Mitterrand elige ese proyecto, tal arquitecto era poco conocido, incluso en su propio país. Acude a Francia a dirigir la obra junto a su mujer (ficcional), de lo que él llama su Cubo.  Los actores daneses Claes Bang (The Square) y Sidse Babett Knudsen (la brillante actriz de Borgen) muestran la extrañeza de los escandinavos frente a los latinos, las distintas maneras de afrontar los problemas, que abundan, y la fidelidad y firmeza de ambos ante su proyecto. Frente a ellos, su interlocutor es un burócrata (Xavier Dolan) quien una y otra vez pone inconvenientes y propone cambios que para von Spreckelsen son inadmisibles. Ante la llegada de un nuevo gobierno de derecha que limita el presupuesto, cambia los mármoles y otros materiales elegidos y la orientación de la construcción, el arquitecto dimite, y no llega a ver terminado su Cubo. Tratada con extremo realismo, la pantalla tiene un formato que, de alguna manera, recuerda el Cubo.

Es notable la variedad de las películas seleccionadas. Lo último de los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne, Jeunes mères, encara un drama social: las madres adolescentes que viven en un centro de acogida. Una película muy dura sobre cinco de esas chicas, su condición, historias, necesidades y carencias. Dar o no dar su bebé en adopción es el problema más crucial, pero también están las relaciones de ellas con sus parejas, con su familia de origen, con la drogadicción. Los Dardenne vuelven al realismo social con el tratamiento estilístico que conocemos, con una cercanía focal y una fotografía cerrada que habla de la difícil situación que atraviesan las chicas, con una mirada benévola hacia esos personajes y también hacia las instituciones, que las ayudan y aconsejan cómo criar a sus niños o darlos en adopción, etc. La generación mayor también tiene sus conflictos, pero hay una mirada optimista del futuro.

Los colores del tiempo (La venue de l’avénir), dirigida por Cedric Klapisch, es otra película muy diferente de las anteriores, un film dedicado al arte y a la recuperación del pasado. Los descendientes de una mujer han heredado una propiedad en Normandía, donde el municipio proyecta hacer un centro comercial. Sin conocerse entre ellos, cuatro primos acuden a visitar esa casa abandonada desde hace muchos años. Allí encuentran incontables recuerdos de sus antepasados, fotografías, un cuadro que les parece impresionista. Mientras esta generación se acerca al pasado, éste se aparece, en la persona de la antigua dueña (Suzanne Lindon, hija de Vincent Lindon y Sandrine Kiberlain), que a sus veinte años viaja a Paris a conocer a su madre. Se establecen así dos niveles narrativos, en ambas épocas, que evolucionan en montaje alternado: fin del siglo XIX – principios del XXI. En el pasado, estamos frente al esplendor de la pintura francesa y sus artistas, al tiempo que nace el cine. Pero si bien se presenta el tema, no se profundiza sobre el mismo, distrayendo con las idas y venidas en el tiempo. La reconstrucción de época es impecable, con una Paris decimonónica donde las mujeres debían luchar en un orden patriarcal. En una película que aborda el tema familiar, el elenco abunda en hijos de artistas famosos.

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