Supongamos que Nueva York es una ciudad (Pretend It’s a City)
Dirección: Martin Scorsese
USA/Serie, 2020

Cada ciudad imprime su marca en sus hijos dilectos. Buenos Aires lo ha hecho en una galería de artistas de la canción y la poesía, como si su esencia pasara por el espíritu lírico. Nueva York en cambio, parece preferir a los cómicos, a los cultores de un humor ácido, sardónico, corrosivo, que donde mejor se expresa es en el stand-up.
Tal la práctica de Fran Lebowitz, una intelectual típica de los años dorados de NY, los ’70, ’80, cuando la sociedad se renovaba, derribaba vallas socioculturales, y la gente bullía en las calles, antes que llegara la política de tolerancia cero. Lebowitz y Martin Scorsese son amigos, él ya le había dedicado un documental, Public Speaking (2010), retrato de la escritora y de la ciudad, y aquí (suerte de segunda parte, en Netflix) vuelven a hablar de NY y de su gente. Pero sobre todo, de Fran Lebowitz, un personaje en sí mismo, con ideas muy firmes acerca de todo, y especialmente, de la vida urbana. Estructurado en siete capítulos, abordan muchos y distintos temas: el transporte público, la salud, el dinero, el valor de la música y los libros –a lso que le dedica el mayor metraje-, así como las estafas en el mercado del arte, mientras charlan en una mesa del Waverly Inn del Village. O ella camina sobre el East River en una maqueta que reproduce en miniatura la ciudad en todos sus detalles. La presencia de Scorsese es un pretexto, una amable compañía, no necesita hablar ni hacerle preguntas, porque ella es imparable. En otras oportunidades, en tomas de archivo conversa con personalidades como Spike Lee, Alec Baldwin o su amiga Toni Morrison.

Si en los ’70 ella escribía sobre la vida metropolitana en la revista Interview de Andy Warhol, ahora no escribe, dedicada a la comunicación oral, y recorre salones y ciudades de su país dando charlas con un talento y humor asombrosos. Lebowitz y Scorsese tratan de descifrar en qué consiste el encanto, el atractivo de esta ciudad, que atrae tanto a posibles habitantes como a turistas. Lebowitz posee un manejo de escena notable: con su atuendo imperturbable que mantiene desde hace décadas: jeans y botas de cow boy, blazer y camisa con gemelos, y un sobretodo con guantes en su bolsillo superior, un atuendo que en el pasado pudo considerarse masculino, aunque desde entonces Lebowitz parece ajena a toda clasificación binaria de género. Con una expresiva gestualidad de manos, siempre tiene la respuesta rápida, el comentario irónico para cada intervención.

El estilo de Lebowitz es el de stand up: frases como latigazos, terminantes, sobre todos los temas, juegos de palabras con ironía cáustica: -¿Tú sufres de…? –Sí. En general, su mirada es escéptica, aunque a pesar de todas sus críticas –al olor del subterráneo, a los turistas, al amor al dinero, a los vaivenes del mercado inmobiliario, etc- es transparente su amor por la ciudad. El personaje parece salido de otra época, de un período pre-pandemia: no solo su ropa es atemporal, sino también su discurso lo es, refleja el sentir del fin del siglo, de una era en que se vivía en la calle, en la que no había celulares ni Twiter –ella se niega a usar cualquier adelanto tecnológico, incluida la computadora-, en todo se trasluce una nostalgia por una Nueva York que no sabemos si persistirá.
Josefina Sartora
muy linda la reseña, gracias Jose…
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