Nunca volverá a nevar

Nunca volverá a nevar (Sniegu juz nigdy nie bedzie)

Guión y dirección: Malgorzata Szumowska y Michal Englert

Polonia-Alemania-Países Bajos/2020

Josefina Sartora

La alicaída cartelera porteña depara sin embargo sorpresas gratificantes: el reestreno de Masculino-femenino, el estreno de Nunca volverá a nevar. Un film inusual, ajeno a cualquier clasificación.

Presenta una comunidad cerrada, en un barrio ídem, de casas casi iguales, que se replican en una imagen reiterativa, ubicua, indefinida. Allí llega Zhenia, un protagonista indecible, un ucraniano nacido cerca de Chernobyl, “debes ser radiactivo”, le dicen todos. Tal vez eso explique sus dones. Zhenia (Alec Utgoff) emerge como masajista del barrio, atiende a una serie de mujeres diversas, insatisfechas, y a un enfermo terminal. Tiene manos terapéuticas y también el don de la hipnosis, con los que ayuda a esas mujeres a estar en paz, a pesar de sus distintas situaciones conflictivas. Ellas le muestran sus pesares. Zhenia casi no habla: posa sus manos sobre todos ellos y el tiempo se suspende, los lleva a otra instancia. En un estado casi onírico, están trasladados a un mundo feérico, un bosque con símil nieve, donde vivencian sus deseos, sus fantasías oníricas.

Ignoramos casi todo de Zhenia: sólo sabemos que es un solitario, que además posee poderes de telekinesis, y vive en un cuarto desangelado, muy distinto de las casas de alta burguesía a las que acude, donde se mueve con soltura. Distinta es también la iluminación de su hogar, dorada, contrastada con el blanco frío de las casas del barrio. Algunos flashbacks nos dicen algo de su infancia. Zhenia es un personaje angélico, una tabula rasa, como lo había sido el ángel de Teorema o el de La humanidad.  Para completar un cuadro insólito, Zhenia toca el piano en esas casas, o danza con una gracia sutil, de otro mundo.

El film tiene mucho de cuento de  hadas pero también recuerda las sátiras de Roy Andersson, sus escenas bizarras, inexplicables, que dejan al espectador en un estado de suspensión e intriga. Combina lo surreal con un humor sordo, una sátira sutil a esa clase burguesa polaca, que a pesar de su bienestar económico arrastra grietas inocultables. Una sociedad que salió del socialismo para abrazar un capitalismo que tampoco la satisface. Un elenco notable de actrices que, si bien poco conocidas aquí, merecen evocarse: Maja Ostaszewska ahoga en alcohol la indiferencia y adulterios de su marido, Agata Kulezsa la viuda que parece conectar a fondo con Zhenia, Weronika Rosati es la nueva viuda, y Katarzyna Figura alivia su soledad con sus perritos. Y todo acompañado por el Vals 2 de Shostakovich, harto utilizado en el cine.

Malgorzata Szumowska -que es hoy una de las más prominentes directores polacos, y un nombre importante en el cine internacional- ya había realizado otros films donde el cuerpo ocupaba un lugar esencial: La cara y Cuerpo. Dirige este junto a Michal Englert, su director de fotografía, la cual constituye un elemento básico del film, creadora de atmósferas irreales. La película abre muchas líneas, sin cerrar ninguna. Largos planos secuencia, imágenes que evocan a Tarkovsky, y un final desconcertante que termina de afincar el misterio.

Un comentario en “Nunca volverá a nevar

Replica a Elisa sartora Cancelar la respuesta