Olga Tokarczuk
Los libros de Jacob
Barcelona, Anagrama, febrero de 2023
1070 páginas

Atreverse a Los libros de Jacob es adentrarse con valentía en la historia europea del siglo XVIII, en particular en la Europa Central y del Este, la zona que estaba irradiada por el imperio otomano y el imperio austro húngaro, que allí se interpolaban. Polonia vivía entonces una fragmentación. En su novela histórica, Olga Tokarczuk se centra en la figura de Frank Jacob (1726-1791), un judío polaco aventurero, un nómade, personaje real carismático que formó una comunidad político-religiosa que lo siguió a través de distintos países. Oriundo de una comunidad judía de un pueblo de Polonia, Jacob viaja por comercio hasta Ermirna, adopta costumbres turcas, deambula, y cuando es necesario, se convierte al cristianismo y arrastra en la conversión a toda una comunidad de miles de judíos que lo admiran. Jacob es para ellos el nuevo Mesías, y vincula las tres grandes religiones. Y el libro también lo hace. Ese grupo evoluciona social y económicamente, Jacob crea una suerte de corte que, tras pasar algunas persecuciones y pogroms, años en prisión y altibajos en su fortuna, se enriquece, adquiere mayor poder y llega a Viena a codearse con la emperatriz María Teresa y su hijo. Jacob es un iconoclasta que imparte su propia doctrina, establece una suerte de poliamor entre sus feligreses, y crea un culto propio, con múltiples acólitos, en el que hombres y mujeres ocupan roles fijos, trascendentes para la comunidad: los hombres hacen negocios y las mujeres hijos, y profetizan.
Tokarczuk publicó Los libros de Jacob en 2014, cuatro años antes de ganar el Premio Nobel. Tras varios libros premiados –Un lugar llamado Antaño, Los errantes, Sobre los huesos de los muertos– este constituyó su consagración, su opera magna, la obra más ambiciosa de su pluma. Su narrativa es luminosa, desarrolla esta historia que atraviesa cuarenta años con ductilidad, combina géneros, narradores y puntos de vista, que pasan de la tercera a distintas primeras personas. No falta el realismo mágico, ya que la abuela de Jacob nunca termina de morir tras haber tragado un amuleto mágico, suspendida entre la vida y la muerte y ve toda la historia de su descendencia desde las alturas, todo, con una mirada omnisciente. Tokarczuk panea entre el realismo y lo sobrenatural, con plasticidad. Con conocimiento de las costumbres judías, la escritora apela a tradiciones, cartas, grabados antiguos, conocimientos de la cábala, la alquimia y su admiración por el enciclopedismo entonces incipiente.
Las páginas siguen un orden decreciente desde la primera, la 1064, hasta la 1, in memoriam de los libros sagrados judíos. Esta obra de largo aliento parece fruto de su imaginación, y sin embargo es resultado de un profundo trabajo de investigación sobre esos personajes reales que marcaron una etapa de la historia de Polonia y la región. Enriquecido por una fabulación afincada en las fuentes. Traza un cuadro del pluralismo, la mezcla de etnias del mundo multicultural que constituía la Europa Central en aquel momento. La obra no deja de ser un manifiesto contra el nacionalismo hoy gobernante en Polonia, coherente con la combativa posición política de la autora, feminista, defensora del medio ambiente y los animales, y antinacionalista, lo que le ha valido toda clase de amenazas.
Josefina Sartora
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