Contracampo 2

Contracampo 2024. 2ª nota

Una de las películas que más me fascinaron en este Contracampo -confío en que tengamos más ediciones- fue Popular tradición de esta tierra, del incansable, prolífico Mariano Llinás. El director del colectivo Pampero Cine es un estudioso investigador de los temas argentinos, su historia, geografía y tradición. En esta oportunidad, sale con su equipo a la ruta, hacia Trenque Lauquen (donde su esposa Laura Paredes había filmado su célebre largometraje) en busca de las huellas de Ignacio Corsini. Llinás ya había dedicado una película al cantante siciliano, pero ahora la abre a la pampa, y la Argentina misma, en una minuciosa, detallada investigación. No falta el palo a la política cultural actual, ejecutado con toda ironía.actual

Popular tradición de esta tierra es un musical, ni más ni menos, con los músicos Pablo Dacal, Mariano Chowa y Gabriel Chwojnik que debaten con Llinás y Paredes si Corsini era un cantante de tangos, urbano, o predominaban sus canciones camperas, rurales. Gana esta última premisa, claro, con el aporte de minuciosos detalles gauchescos, letras de canciones, imágenes, recorridos por la pampa, e inesperadas digresiones. El ombú, el pampero, el rancho, reciben un tratamiento detallado. Los caminos se bifurcan, y se ve a Llinás y todo su equipo gozar del recorrido, en el estudio del artista y su mundo.

Simón de la montaña, opera prima de Federico Luis, ganadora en Cannes, en Munich, en Chile y en Lima, es un ensayo sobre la discapacidad que habla a gritos de la Argentina de hoy, de todo el esfuerzo, el trabajo que se lleva a cabo en salud y que se quiere destruir. En una ciudad de provincia, el joven Simón (Lorenzo Ferro) se suma a un grupo de jóvenes con distintas discapacidades, con quienes comparte paseos, trabajos, diversiones, en una actividad comunitaria. Nunca sabemos si Simón está fabulando su personaje, o si sufre realmente una discapacidad. No importa. La película es abierta, no cierra respuestas, y termina cuando podría estar empezando. Una película diferente, sensible, de vital actualidad.

Por fin, un cuadro de la pequeña mafia del conurbano bonaerense, en Algo nuevo, algo viejo, algo prestado, de Ulises Rosselli, que llega después de Cannes y Viena. Una familia dirige la administración del juego de quiniela clandestina. El director de Mauro parece conocer muy bien la dinámica, los movimientos, la jerga de la gente de esa organización que ejerce su poder en el barrio, en connivencia con la policía. Narrado desde el punto de vista de la hija, ella busca saber las causas y detalles del final violento de su padre, un sujeto entre el don Corleone y el Soprano de los suburbios. Películas hogareñas, cámaras de vigilancia, cruces de pasado y presente, a cual más turbio, que tienen a Maribel Pelpetto como protagonista de ambos tiempos, en un contrapunto entre ficción y documental. Rosselli intenta -no siempre lo logra- armar un rompecabezas de esta familia, este clan, esta Argentina. Por supuesto detrás del film hay toda una tradición de los gansgsters de Hollywood, pero aquí se lo baja a la realidad de la clase media media, suburbana, con sus películas caseras, sus asados y sus Pelopinchos.

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