Valor Sentimental (Affeksjonsverdi)
Dirección: Joachim Trier
Guion: Eskil Vogt y Joachim Trier
Noruega-Francia-Dinamarca-Alemania/2025
Josefina Sartora

Una de las mejores películas realizadas últimamente, Sentimental Value del noruego Joachim Trier es un extraordinario estudio de las relaciones artísticas y las familiares. Aborda el tema de la creación artística desde los puntos de vista de dos personajes: el padre, un egomaníaco director y guionista (Stellan Skarsgärd, Globo de Oro por esta actuación), y la hija, talentosa actriz de teatro. Él proyecta un film sobre su torturada madre, quien se suicidó muy joven, dejándolo huérfano a los siete años, y desea que su hija tenga el protagónico. Pero ambos están distanciados, la comunicación entre ellos les es imposible, y la hija rechaza la oferta. Queda instalado un conflicto de difícil solución. La hija menor (Inga Ibsdotter Lilleaas) funciona como una suerte de pivote entre ambos.
Trier disecciona los vínculos de esa familia en una obra triangular, donde cada personaje tiene su espacio, su personalidad, su momento de revelación, donde los diálogos están cuidadosamente ajustados, sin una palabra que sobre. De cómo el arte puede funcionar como catalizador de los traumas familiares, y ser el camino a la felicidad. Con un montaje discontinuo, con abruptos cortes a negro que pueden separar horas, o décadas, la película toma un ritmo propio, único, para pasar de un estado emocional a otro.
De Trier habíamos disfrutado su anterior, La peor persona del mundo, donde también indagaba en la psicología femenina, con la misma excelente actriz de Valor sentimental: Renate Reisve. Ambas películas continúan una filmografía que Joachim Trier trazó con Reprise (2006), Oslo, 31 de agosto (2011) y El amor es más fuerte que las bombas (2015) -todas en colaboración con el guionista Eskil Vogt- sobre las relaciones personales, familiares, con acento en la de padre-hijos, y la muerte. Todas películas con abundantes diálogos ingeniosos, que indagan en la psicología personal, con un elegante tono íntimo similar. Y en esta, se ha superado.

Hay mucha tradición nórdica en este film, con huellas del cine de Bergman, el peso de la casa familiar y sus fantasmas del pasado, o con el juego de rostros que van cambiando de uno a otro personaje, como en Persona, y reminiscencias de Chejov, sus obras Tres hermanas y La gaviota, con su impronta teatral y sus cruces familiares, y el recuerdo de la Nora de Casa de muñecas de Ibsen. Y el toque escandinavo, austero, seco, preciso, para hablar de temas de valor sentimental.