Dementia

Dementia

Música: Oscar Strasnoy

Libreto: Ariana Harwicz

Teatro Colón

Josefina Sartora

Celebramos la presentación en el Colón de Dementia, ópera de Oscar Strasnoy con libreto de Ariana Horwicz, realizada por encargo, en su estreno mundial. A pesar de todo, de elementos desparejos, de un guion rico aunque difuso, de algunos problemas auditivos, es muy valioso que el gran teatro esté abierto a nuevas propuestas, a la música del siglo XXI, a la puesta de un teatro contemporáneo. Albricias.

La historia no es fácil ni lineal: una pareja -escritora ella, traductor él- se ha instalado en el campo para que ella escriba su segunda novela. El retiro no funciona. Aparece entonces otra pareja, unos años mayor, que resulta ser alter ego de los primeros, o dobles, o ellos mismos, mayores. Se ocupan de lo mismo, incluso su vestimenta se parece. No termina allí: aparece una tercera, ídem: mayores, colegas, vestuario similar. Sus diálogos van en paralelo con la situación, deleuzianamente, se desarrolla la repetición, el paralelismo, el pliegue de una situación sobre otra. Entre todos se entablan diálogos que responden a las inquietudes de la escritora, que provocan las reacciones de los varones, a veces en francés (¿traducción/traición?): rivalidades, la creación literaria, los celos, el paso del tiempo. Para mayor confusión van apareciendo otros döppelganger que circulan por los fondos, se mezclan con ellos, más superposiciones. Hay un enigma, una desaparición, que funciona ajena a la acción principal.

La puesta es de Mariano Pensotti, que lleva al Colón su estética, sus mecanismos, como lo había hecho con Los años en el San Martín, con escenografía de Mariana Tirantte: un escenario giratorio, un espacio dividido, un arriba y abajo, un adentro y afuera, un afuera que se duplica deformado, y una pieza móvil habitada por fantasmas que se adelanta y retrocede, se traslada, en el espacio mayor. El espacio pasa a formar parte intrínseca de la trama. Un video que se exhibe de a ratos duplica la realidad, y no pesa en el desarrollo.

Sin lugar a dudas, la música es el punto más alto de la obra, que sigue el desarrollo dramático aunque por momentos parece apartarse, hacer las suyas sin importar la acción. Una música extraordinaria, dirigida por Tito Ceccherini. Bienvenido el regreso de Strasnoy después de su obra Requiem de hace más de diez años. Al piano, en un palco, Iván Rutkauskas, que supuestamente tocaba una y otra vez la Giga en do Mayor K 574 de Mozart. Pero yo, desde platea, no pude oírla jamás. También me costaba seguir el texto de los cantantes, tapados por la orquesta, que pude comprender gracias al subtitulado.

Lo sabemos: el público de ópera del Colón es conservador, ama la ópera italiana clásica, tolera el final del siglo XIX y apenas quiere asomarse al XX. Ante una obra contemporánea con tantas propuestas novedosas, en la que hay muy pocos mojones familiares donde apoyarse, a poco de empezar comenzó el éxodo de los intolerantes ante esta Dementia, que continuó durante toda la obra y al final, huían en masa cuando cayó el telón.

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