Hangar rojo.
Dirección: Juan Pablo Sallato
Guion: Luis Emilio Guzmán, basado en el libro Disparen a la bandada de Fernando Villagrán
Chile-Argentina-Italia/2026

Josefina Sartora
Antes del ataque a las Torres Gemelas en 2001, el 11 de septiembre ya se había presentado como una fecha nefasta para la humanidad: fue el día en que el militar Augusto Pinochet y sus secuaces dieron el golpe de Estado destinado a derrocar al Presidente Salvador Allende y a todo el sistema democrático chileno.
Basada en hechos reales, la excelente opera prima de Juan Pablo Sallato transcurre precisamente alrededor de ese 11 de septiembre de 1973. Esa mañana, el capitán de la Fuerza Aérea Jorge Silva -ex Jefe de Inteligencia de la Fuerza Aérea- se sorprende al saber que ha estallado un golpe, que ha muerto Allende. Tal vez sus camaradas de armas lo han tenido en la ignorancia porque, tres años antes, había evitado un atentado contra la vida del Presidente. Ese 11 de septiembre, le ordenan transformar las instalaciones de la Escuela de Aviación, donde es instructor, en centro de detención. El hombre es un militar ímprobo y leal, dispuesto siempre a obedecer las órdenes superiores. Aunque preferiría no participar de las acciones, debe recibir grupos de prisioneros en su hangar y cumplir las órdenes de quienes llegan y se ponen a cargo de su escuela de Aeronáutica. El conflicto se sostiene, hasta que debe cruzar una línea ética y moral, en una cuestión de conciencia, cuando se eleva la escalada del terror y se le ordena masacrar a los secuestrados. Nicolás Zárate compone un Silva contenido, tenso, atento a cada cambio, a cada decisión, que puede ser crucial para él y su familia, y la historia se despliega desde su punto de vista. Un caso real, de quien más tarde fue detenido, torturado, debió exiliarse y murió lejos de su país.
El film de Juan Pablo Sallato respeta el carácter militar del tema, con rigor, atento a su lenguaje corporal y verbal, con una sobria fotografía en blanco y negro de Diego Pequeño, con primeros planos expresivos, para la dureza castrense, y claroscuros de ese hangar donde la muerte está al acecho. Pero Sallato tiene el buen tino de no poner en pantalla los hechos brutales. La tensión, la provocación y amenaza apenas velada, son constantes. Así las recordamos.
Es admirable este film que recupera la historia que podía haber quedado en el olvido, como tantas otras que nos debemos en toda Latinoamérica. La memoria de esa época en que los valores fueron trastocados, en que la historia tomó un rumbo distinto y brutal. Una obra que ha circulado por varios festivales, premiada en algunos -el Bafici uno de ellos- , y que por fin se estrena.