El poder de la red (The Social Reckoning)
Dirección y guion: Aaron Sorkin
Estados Unidos/2026
Josefina Sartora

Suerte de complemento de La red social de David Fincher (2010), esta película del sobrevalorado Aaron Sorkin -quien fuera guionista de la anterior- detalla el caso que llevó adelante una muy inteligente ejecutiva de datos de Facebook, quien se asoció a un periodista de investigación del Wall Street Journal para denunciar los usos malsanos o perversos de la red social. La mujer (Mikey Madison) –quien comienza como una devota y convencida de su trabajo- sacó a la luz las maneras en que el algoritmo promueve la inclinación a radicalizarse en política y moral, la desinformación, estimula las conocidas conductas de odio y, junto con Instagram, el acoso y daños mentales en niños y adolescentes.
Mark Zuckerberg (Jeremy Strong) suerte de semidios de las redes, aparece aquí como una especie de robot humano focalizado en desarrollar sus empresas, soberbio de tan seguro de sí mismo, que sólo parece darse cuenta del peligro de sus acciones cuando en cierta forma sus métodos provocan las manifestaciones violentas llevadas a cabo contra el Capitolio en enero de 2021. Una verdadera caricatura, que contrasta con la ausencia absoluta de la figura de Donald Trump, su socio.
Si bien la intención del film es poderosa y encomiable -y Sorkin lo subraya en cada escena- la película es un fárrago interminable de diálogos filmados en plano-contraplano que alternan las conversaciones entre la mujer y el periodista y Zuckerberg siendo entrenado por sus asesores. Como si Sorkin no pensara en términos cinematográficos sino en la transcripción de diálogos grabados. Que se reiteran con un único tema. Es tan tediosa que necesita poner en pantalla las idas y venidas en el tiempo, para que el espectador no se pierda en ese laberinto oral. No hay una idea visual interesante, ni siquiera una fotografía sugestiva, ni un trabajo con el color, ni movimiento dramático.
Jeremy Allen White como Horwitz, el periodista, se encarga de recordar que su rol es similar al de sus colegas que denunciaron el Watergate, pero el actor parece no quitarse de encima su personaje de El oso, esa excelente serie que lo lanzó a la fama. Ambos protagonistas carecen de personalidad, o están subsumidos por los intereses de Sorkin.
Cabe pregustarse por el fin de esta película, fruto de los grandes medios de Hollywood, Sony y Columbia Pictures: ¿ha de crear conciencia en el mundo y particularmente en Argentina? ¿Ha de cambiar algo? No lo creo.