Fatherland

Tierra de mi padre (Fatherland)

Dirección: Pawel Pawlinowski

Guion: Pawel Pawlinowski y Henk Handloetken

Polonia-Alemania-Italia-Francia/2026

Josefina Sartora

Por fin Sandra Hüller ha ganado el reconocimiento que merecía. Tras sus radiantes interpretaciones en Toni Erdmann, Anatomía de una caída, Zona de interés, la actriz alemana no cesa de recibir premios y protagonizar películas de peso. Hasta Hollywood la ha convocado para esa fallida película que es Digger.

En Tierra de mi padre, Hüller encarna a Erika Mann, la hija mayor del escritor Thomas Mann, quien después de recibir el Premio Nobel de Literatura regresa a Alemania tras dieciséis años de un largo exilio que había culminado en California. Erika era también escritora, eximia volante y actriz de teatro junto a su entrañable hermano Klaus, ambos homosexuales. Si la biografía de Erika daría para otro film, este poco se detiene en detalles de su vida privada, focalizado en la relación entre padre e hija en ese viaje memorable. Ambos Mann lucharon contra el fascismo y cuando regresan a una Alemania dividida en 1949 para recibir dos premios Goethe constatan la manera en que en la post guerra, en plena Guerra Fría, el nuevo gobierno occidental conserva ciertos vicios y se ha asociado a los Estados Unidos. En Frankfurt Mann se ve confrontado con la opinión pública, entre el capitalismo y el comunismo, porque también irá a Weimar, del otro lado de la frontera entre ambas Alemanias. Mann deberá preguntarse cuál es su patria, pero elípticamante evita la respuesta: Goethe nació en Frankfurt y murió en Weimar, y el idioma que todos hablan y el de la literatura es uno solo. El mismo Pawlinowski evita también posicionarse en este conflicto, lo sobrevuela.

El hermano Klaus -también escritor, autor de la novela Mefisto, sobre un actor entregado a los nazis, su propio cuñado- funciona como una suerte de fantasma, está presente en la acción de su padre y hermana, y condicionará el viaje.

El polaco Pawel Pawlinowski ya había dedicado su cine a evocar el pasado de Europa, en la oscarizada Ida y La guerra fría, sobre los cambios en la sufriente Polonia. En escasos 80 minutos -precisos, modelo de síntesis-, sabe mostrar las tensiones -personales, familiares, nacionales- los meandros macro de la política y micro de las familias en un film sombrío -que agudiza el blanco y negro- nostálgico, de una Alemania que ya no existe. O si perdura, es en la figura de Bach, esencia del germanismo, siempre presente, que sobrevive a la devastación. La música tiene aquí un rol preponderante, sobre todo en las canciones socialistas con que lo reciben en Weimar. Y al final, la escena con Bach, en una iglesia semi derruida, cobra un poderoso valor simbólico.

Mann (Hanns Zischler) es una mole, aparece como un hombre de mármol, perdido en el laberinto de sus propias palabras, en parte ajeno al conflicto de un país dividido, sin emitir opiniones comprometidas. Su hija en cambio tiene una actitud más combativa. Hüller vuelve a demostrar que es una de las mejores actrices del momento, modulando de la sumisa asistente filial a la antifascista combativa y a la dolida hermana conmovida. Su particular personalidad permite que el espectador acierte en sus pensamiento, sus intenciones, sus deseos.

Este film de Pawel Pawlinowski ha recibido los máximos premios en Cannes y San Sebastián. Se le podrá objetar a Tierra de mi padre la ausencia de una mirada sobre el país y su gente, en tales momentos críticos. Pero el film reproduce la mirada del escritor, encerrado en su torre de marfil, al decir de su hija.

La fotografía de su habitual Lukasz Zal expresa en su aspecto oscuro, bello y sutil, las contradicciones que viven ambos Mann, con una estética ascética. Una imagen seca, austera como el mismo relato, idónea para hablar de temas universales y eternos: identidad, patria, nacionalismo.

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